lunes, 18 de octubre de 2010

ALGO QUE PUEDE PASAR

En la mayoría de los casos, soy un hombre pacífico. No soy de los que andan por ahí discutiendo y preocupándose por todo. Sí, de vez en cuando, me enfurezco levemente. Generalmente son estos hombrecitos que viven bajo mi cama los que logran sacarme de las casillas. Todo el día diciéndome que debo salir y matar o cosas por el estilo. Pero yo no les hago caso.

Excepto ayer, cuando salí temprano por la mañana y luego no recuerdo nada y más tarde, mi camisa manchada inexplicablemente de sangre, cerca de los puños.

         

COUNTING ON ME

Desde la cornisa de mi ojo todo parece más pequeño. El mundo se mueve con lentitud sin que yo intuya el fin de los caminos. No hay palabras ni sonidos. No quedan pasos ni lejanías por conquistar. A lo largo del silencio, todo se va uniendo en un pequeño rompecabezas que cabe en la palma de la mano. He trazado el dibujo del mundo, que no se parece en nada a mí. He trazado mi propio dibujo y no sin sorpresa comprendo  que no es que falta una pieza, sino que todas pertenecen a un rompecabezas distinto.

jueves, 9 de septiembre de 2010

EL ADELANTADO

           Estamos al borde del precipicio, pero no sabemos quién dará el siguiente paso. Nos miramos unos a otros, en un silencio que ya lleva horas. Creemos que finalmente alguien tendrá el valor de saltar y seguir adelante, hacia lo desconocido. 

           Pero llega la noche y nos encuentra reunidos alrededor de una fogata. Todavía en silencio, pero hermanados por una cobardía que terminará la mañana siguiente, en ese glorioso e inolvidable amanecer cuando, casi con descuido, empujemos a cualquier de nosotros hacia el abismo.

            

VIDA DE CASADOS

            En el tren encontré a una señorita de cabello rubio que me dijo que yo era el hombre de su vida. Al principio le creí pero luego vi que el guarda se acercaba y noté que ella no llevaba boleto. Como cualquier otro caballero hubiera hecho, se lo pagué sin demora alguna. En el resto del viaje no nos hablamos.

             Al bajar en la última estación, exigí el divorcio.

MORPHINE

Me sorprende la idea de una ciudad espejada, todas ventanas que me reflejan y que niegan un posible interior. Edificios como torres perdiéndose en lo más azul del cielo. Cubiertos de vidrios que no translucen. La única nota humana son dos tipos que se balancean en un andamio, limpiando las ventanas. Por un momento me reconforta saber que hay algo allá arriba, algo que piensa, que se mueve por una voluntad inteligente, que puede expresar amor u odio o cualquier otra emoción.

            Pero luego siento miedo. En todo el tiempo que los observé, ninguno de los dos tipos se rió de nada.

NO VUELVE

             Cuando al muñeco se le acabaron las pilas pensamos que lo mejor era tirarlo, porque nadie tenía ganas de ir hasta el kiosko para comprar pilas nuevas y lo cierto es que ya no nos servía para nada.

            Fue entonces que el muñeco se levantó, se puso un pequeño sombrero y se fue dando un portazo.

            -Ya volverá –nos dijimos.

            Pero ahora que es de noche, se nos ocurre que un tipo con orgullo sabe darse cuerda ahí donde jamás la tuvo.

 

HORROR

Nos dijeron que nos esperaban más adelante. Así que fuimos y nos encontramos con unos hombres que venían. Nos miraron y no dijeron palabra. Esto nos pareció extraño, más que nada porque llegamos a sospechar que ellos éramos nosotros.

Ahora tenemos miedo de avanzar. A lo lejos, se escuchan unos siniestros pasos, pasos que nos sumen en un horror imposible de describir.

Pasos que no van, ni tampoco vienen.

¿QUÉ ES QUÉ?

            El extraterrestre era bajito y cabezón. Miraba fijo con sus inexpresivos ojos negros. Bruno le preguntó si quería algo. El extraterrestre no le respondió nada.

            -¿Entonces, para qué me despertaste? –preguntó Bruno, indignado.

            El extraterrestre se encogió de hombros, como queriendo decir que había sido Bruno el que lo había despertado a él.

             Luego, realmente alguien abrió los ojos.


EPINEFRINA

Desbordante naufragio de fauna interior. Concepto cercano a la inercia: ¿es que toda pregunta se derrumba por su propio peso? Pez dios que sonríe en mis sueños blancos (borrar la negación misma de toda conciencia) y eufórico lanzarse de olas en cierne, toda carne propia o ajena, autocanibalizarse con éxito. Sofocar lo espeso en lo suave, al tiempo que cesa lo ínfimo.

Soy una respuesta, me digo entonces, tal vez la equivocada. Pero es mejor esta sangre de palabras que la estúpida neutralidad del silencio.

EL ÚLTIMO SONIDO

Detrás de la puerta acecha algo sin nombre. Al menos no quise ponerle uno. Lo escucho rasguñar la madera, golpearse violentamente. En ocasiones, llamarme. Pero no le hago caso. Permanezco encerrado en la casa. Tengo provisiones para un tiempo. Apago todas las luces y espero. 

Cuando el ruido se detiene, me siento más solo que nunca.

 

UN DÍA COMÚN EN UN MUNDO PERFECTO

K. abre su bolso y saca algunos cosméticos que yo observo sin saber si espera que le diga algo o si simplemente disfruta del hecho de ser observada. Melania le dice algo sobre el lápiz de labio y K. comienza una breve demostración de cómo se maquilla. El televisor está prendido con imágenes a todo color de un choque múltiple.

Este es el peor de los mundos posibles, pienso. No por el silencio, sino por la duda de la certeza.

lunes, 26 de abril de 2010

CIELO

Bruno cargaba un cielo enorme entre sus manos. Era un cielo de los más diversos colores y Bruno nunca lo dejaba solo en casa, no fuera que se lo robaran. Así que iba de un lado al otro con él, apenas tocando el suelo. Era un tipo que odiaba dar explicaciones y que otros las buscaran donde no las había.
Cuando murió nadie supo qué hacer con esa sombra de figura retórica que cubrió el lugar donde antes estaba el cielo.

VACACIONES EN TEBAS

La encontré al borde del muelle. Era la mitológica criatura de la que tantas veces había oído hablar. Su estampa era magnífica. Me acerqué decidido y, antes de que ella pudiese decirme nada, le dije:
-Es el hombre.
-¿Qué? -dijo ella.
-La respuesta, es el hombre.
Me observó unos instantes y frunció el ceño.
-¡Esa es la esfinge, imbécil! -gritó con odio.
Luego, con un violento movimiento de su cola, la sirena se arrojó al agua.