lunes, 26 de abril de 2010

CIELO

Bruno cargaba un cielo enorme entre sus manos. Era un cielo de los más diversos colores y Bruno nunca lo dejaba solo en casa, no fuera que se lo robaran. Así que iba de un lado al otro con él, apenas tocando el suelo. Era un tipo que odiaba dar explicaciones y que otros las buscaran donde no las había.
Cuando murió nadie supo qué hacer con esa sombra de figura retórica que cubrió el lugar donde antes estaba el cielo.

VACACIONES EN TEBAS

La encontré al borde del muelle. Era la mitológica criatura de la que tantas veces había oído hablar. Su estampa era magnífica. Me acerqué decidido y, antes de que ella pudiese decirme nada, le dije:
-Es el hombre.
-¿Qué? -dijo ella.
-La respuesta, es el hombre.
Me observó unos instantes y frunció el ceño.
-¡Esa es la esfinge, imbécil! -gritó con odio.
Luego, con un violento movimiento de su cola, la sirena se arrojó al agua.