viernes, 15 de abril de 2011

DESPERTAR

De mis sueños a mis despertares no hay mucho trecho. Es cuestión de levantarme de esa esponjosa cama que mi mente ha trazado para mí y luego estar en mi cuarto, o en mi automóvil o en la oficina donde algunos me miran, otros retroceden y quizás alguien, medianamente valiente, me pide que me saque ese dinosaurio que mansamente pasta en mi hombro mientras trabajo.

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