lunes, 2 de mayo de 2011

DEFENDER EL ORGULLO

El hombre puso la manzana en la cabeza del niño. Luego se alejó ante la mirada de los otros. Colocó la flecha en el arco y lo tensó al máximo.

-¿Qué sucederá con su hijo? –preguntó uno de los presentes, observando al arquero y luego al niño.

-¿Hijos? –respondió el otro-. Él no tiene hijos...

Y luego, la saeta cruzó el aire.

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