jueves, 12 de mayo de 2011

NO SÉ DECIR QUE NO

No soy el sirviente de la ventana, me digo. No me dejaré engañar por esa tentación de cortinas y vidrios. No accederé a su imperiosa necesidad de recortar el sol con sus bordes. De ninguna manera la dejará abierta toda la noche, soy un hombre que tiene frío. Ella debe saberlo.

Pero ¿cómo decírselo ahora que mueve tan seductoramente se picaporte hacia mí mientras va subiéndose centímetro a centímetro la persiana?

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