lunes, 6 de junio de 2011

CUANDO EXISTA LA LUZ

Todos los amantes callados de tanto amar se separan buscando el silencio de las bocas cansadas, hasta que las respiraciones invisibles se pierden en blancas ensoñaciones. Son noches de tormenta donde cabalgan sauces tibios, enmudecidos cerca de lagunas de tranquilos ojos cerrados.

Nubes que susurran cuerpos: decir lo siento, decir por siempre, decir que esta palabra o cualquier otra será fe de un sentimiento en la agonía de la belleza. Mis manos, nuestras manos, juegos perversos que oscilamos cuando nadie nos ve.

Sí, somos extraños, extranjeros en murallas que crecen entre huesos y labios entreabiertos.

Pero también el tiempo se irá yendo y seremos viajeros de una barca inmóvil, secretos, comulgando el espíritu del invierno: la sonrisa de quien sabe amar en el desierto.

(Alejandro Bentivoglio & Minerva Rodríguez)

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