lunes, 18 de julio de 2011

KORN

Chicas blancas miran hacia el abismo. Nadie las empuja, pero se balancean como si fueran a caer. El viento sopla sobre los campos de maíz, el sol es del color de la sangre.

Chicas blancas ríen y juegan en el borde del abismo. Se escuchan extraños gritos a lo lejos, como murmullos que se pierden con sólo pensarlos. ¿Cuándo alguien recordará? ¿Cuándo vendrá la siega a llevarlo todo?

Chicas blancas ocultan el abismo en sus vestidos cuando vuelven a casa. El viento sopla sobre los campos de maíz, el sol es del color de la sangre.

LO QUE DEJO ATRÁS

A veces me detengo y me doy vuelta. Intento rastrear mis pasos, el camino que dejé atrás. Encuentro zapatos, cenizas, pequeños huesos, extrañas piedras con forma de lágrima, medias que no combinan el color.

INTERVALO DEL HOMICIDA

Buscando el cadáver de su esposa, a la que apenas recordaba haber asesinado, encontró unas cartas que ella le había escrito muchos años atrás. Se sentó a leerlas y no pudo evitar llorar como un chico que ha descubierto que su madre nunca volverá.

Incluso el cuchillo que guarda sin limpiar en la cocina, parece más pequeño en la hora de recuerdo.

EL VAMPIRO PIERDE SU DUELO FRENTE AL SOL

Presiento un conato de disputa bajo el ojo, un amagar de pestañas que se abalanzan más lejos del párpado ante el inminente amanecer de la pupila. Es en vano precipitar las manos para evitar el contacto de luz que finalmente nos alcanzará.

La lágrima (primer rastro del combate perdido), se desplaza y se despereza hasta la empuñadura de la cara, arrastrado con ella todo resto de dignidad vampirica.

miércoles, 13 de julio de 2011

WELCOME TO WHEREVER YOU ARE

No tengo más que estos acertijos, este caminar por bosques que dan su aliento después del mar. Busco las palabras que no fallen, mis pasos que se quedan en equipajes de vuelos alrededor de mapas sin nombre.
No tengo más que estas cruces que marcan tesoros de leyenda, aventuras sin héroes que pilotean sus desgracias haciéndose paisaje de ceniza.
No tengo más que este buscar el oxígeno de la montaña más lejana, la más alta, allí donde cierro mis ojos y recuerdo, con el fervor de los devotos, tu sonrisa.

EL LENTO OCEANO

Mil vasos rotos, amenazantes cristales. Un par de pies desnudos, tan cerca. Una madeja de hilo transparente, invitando un recorrido por una habitación sin luz. Ladridos de perros en la noche, un dulce aire malsano desprendido de la cama abierta, mis ojos cerrados. Párpados de agua donde los peces nadan, eludiendo mi nariz, la textura de mis labios. Cuántas escamas alcanzan mis dedos a sentir, ellos tan pegajosos, escurridizos, tocándome.
La fauna de mi cuarto, selva de licores pensativos. ¿Escuchaste alguna vez el miedo o la lluvia cayendo entre mis costillas abiertas a la mano de un corazón doliente?
Dilo ¿Alguna vez escuchaste los lobos que cobijan mis lágrimas o solo te quedaste ahí parada, sin saber nada, esperando que alguien recogiera la sal que congela al mundo?

(Alejandro Bentivoglio & Minerva Rodríguez)

miércoles, 6 de julio de 2011

MATRIX CLASE TURISTA

Subí al colectivo a eso de las 9; a la media hora ya estaba sentado frente a mi pc, odiando la rutina. Pero en ese momento, el tiempo me hizo una jugarreta: el tiempo, que es movimiento, se detuvo. Al principio, pensé que era un error de percepción, como un deja vu. Pero a los pocos instantes, la extrema quietud se afianzó en la realidad. Creí, entonces, que aquello era de lo que hablaban los antiguos místicos, ese instante de iluminación en el que todo encuentra su lugar, su forma adecuada, un momento en el que nos hacemos uno con el universo.
Pero abruptamente desperté de mi ensueño. González me miraba desde sus anteojos gastados. Su dedo apretaba el reset de la máquina.
-Se te colgó windows -dijo, volviéndome a la normalidad del movimiento continuo.Luego se alejó, como un heraldo negro de un mundo vacío, construido en la poca eternidad de un código binario que a veces, solo a veces, se permite olvidarse qué son ceros y qué son unos.


(Alejandro Bentivoglio & Esteban Moscarda)