martes, 16 de agosto de 2011

CAMINO DEL PERDEDOR

No me espera nadie cuando llego al aeropuerto. No me extraña, no soy alguien importante. Tomo un taxi que me cobra de más. El hotel es miserable y la atención es terrible. Hace mucho frío y no recuerdo el nombre de la ciudad en la que estoy.

Pido indicaciones, pero nadie habla el idioma. A la noche ceno sin hambre. Miro mis valijas vacías. Los aviones tienen la propiedad de ser ausencia en movimiento.

Duermo en el suelo. Durante la madrugada me quitan la habitación para dársela a otros huéspedes. El resto de la semana es más o menos lo mismo.

En una tienda de recuerdos busco sin suerte una postal que diga: Olvido de Ninguna Parte.

viernes, 5 de agosto de 2011

DEMONIO DE TELA

Implacable y cruel. Irremediable y maldito. Impenetrable y vacío. Inapelable y egoísta. Irreparable y sombrío, el paraguas roto se retuerce en nuestras manos, enredándonos en su danza de viento, tela y lluvia. Llevándonos el sombrero, empapándonos, dejándonos a la desnudez de nuestra dignidad perdida. Haciendo que lo soltemos y que apenas podamos dedicarle una mirada a ese punto que se pierde, que se aleja, que arrastra una parte de nosotros con él. Quizás la única parte seca de nuestra moral en líquido derrumbe.


(Alejandro Bentivoglio & Minerva Rodríguez)

CAYENDO

Qué poco importa el tiempo remoto que se escabulle por las ingles hasta gotear a los suelos del infierno. Cuando los cuerpos se olviden y la imagen suspendida de tu luz se pierda encontraremos posibles paraísos perdidos.

En lo inmóvil, mientras, hallaremos las tierras concebibles, los monstruos de todo abismo. Los cuerpos de toda pasión.

El enceguecer del amor y la lágrima que es piel, que es sangre, que es caída, que es beso dado a la sombra, que es recuerdo, que es nosotros, que es desierto, que es ciudad, que es palabra y ahora también silencio.

(Alejandro Bentivoglio & Minerva Rodríguez)

THE TRUE TOY STORY

Se nos han acabado las pilas. No hay batería que sirva. Los enchufes quedan lejos. La electricidad es un lujo ajeno.

Hay muerte en las nubes grises, hay temor en las noches negras de todo lo oculto, de todo lo vacío, como el corazón que no ha recordado latir. Hemos ido tan lejos, tanto tiempo.

Y ahora vamos cayendo, uno a uno. Pequeños juguetes olvidados. Cadáveres de plástico, suspiros de los días pasados. Articulados o a control remoto, da igual.

La infancia se disipa como la lluvia y las sonrisas en nuestras caras, apenas marcas de fábrica que algunos perros muerden para pasar el rato.


(Alejandro Bentivoglio & Minerva Rodríguez)

IMPENSABLE

Lluvia, lluvia sobre la tierra, empapando los sentidos. Poco a poco llegando, hasta el prohibido y oscuro pensamiento, atorado para siempre entre los huesos. Pequeños encuentros, pequeños sueños.

Alas que escucho en las tormentas, ojos que atraen con sus uñas para despertar. Acaso diga adiós, acaso diga lo siento. La fatalidad infecta la luz con su piel y congelamos el lento reptar de lo que aguarda.

Qué tristeza la de ser parodia, lugar común del eco. Saber que aún en la risa acecha lo impensable.

Qué tristeza la de un día cualquiera, olvidando lo que recordamos, hablando de cosas sin importancia. Gritándole a ventanas cerradas.

(Alejandro Bentivoglio & Minerva Rodríguez)

PERVERSION DE LA VERDAD

En la orilla interior de infierno, silenciosa planea la noche. Eclipsados por muros, la luz es semilla de deseos que se marchitan, de descubrimientos que bordean secretos.

Un lago de plata es cuerpo reconocible, una llamada es mano que se extiende. Una sombra es la única, pero se acompaña en el frío de los árboles que hablan en los juegos del exterior.

La llama existe aún al final de los sueños deconstruidos, la verdad es una manera de ocultar la lejanía. Pero el miedo también conoce de tiempos, de caricias y de formas de reconocernos cuando nos creemos ciegos.

(Alejandro Bentivoglio & Minerva Rodríguez)

FATIGAS DEL SÁDICO, PRIMAVERAS DEL MASOQUISTA

Enfermo de todo, gozando las agonías de la menta atormentada va tiñéndose de rojo el futuro y el dolor ya no es alegría a los ojos indolentes del sadista. La busca de la víctima es ya un fastidio. El antiguo, descarnado placer de la tortura, qué lejos queda cuando el cuerpo pesa y los filos son esquivos.

Qué envidiable, entonces, se nos hace la simpleza del masoquista. Capaz de flagelarse con la levedad de un pensamiento recurrente. Qué loables sus alabanzas a la culpa.

Solo, lejos de la pereza, él sí que puede captar la esencia de esta insoportable satisfacción que le sube mientras se regodea en su propia miseria, haciendo de su sufrimiento, la eternidad de este presente gozo.


(Alejandro Bentivoglio & Minerva Rodríguez)