sábado, 10 de septiembre de 2011

DULCE

Mario es frío, fantasmal, transparente. Como el reflejo de un silbido en la oscuridad. Sus pasos son suaves, afeminados, y su voz completamente lampiña. Poco hay de varonil en el espectral y dulce Mario.

A veces queremos decirle que haga algo diferente. Que se nos manifieste de una forma que provoque el pánico más absoluto. Pero él dice que no, que prefiere ser así. Pegarle un tiro a alguien, de vez en cuando, con algún arma de bajo calibre. Quizás reírse de su víctima y alejarse, con esos pasitos cortos que casi ni dejan huella en la sangre que lentamente va ganando el piso.


(Alejandro Bentivoglio & Daniel Juárez Dion)

TIEMPOS DE AMOR

Las muletas de Menina cayeron ruidosamente sobre los azulejos de la cocina. Recamier la observó inmóvil, como si la escena se le antojase ayuna de interés. Menina se desplomó, rompiéndose parte de la boca. La sangre quedó como un testimonio o una forma de pregunta.

Recamier se acercó a la mujer y la observó. Ella se dio vuelta, como un extraño animal extinto. Tenía la cara peculiarmente hermosa.

Recamier se inclinó para besarla. Ella aceptó los labios ajenos con una frialdad incomparable. Recamier se levantó y miró a Menina. Ella lo miró como si él no estuviese ahí. Luego se levantó con dificultad. Ya sabían lo que era el amor. Les quedaba el olvido, cosas triviales como tomar las muletas o, en el caso de Recamier, irse sin mirar nunca hacia atrás.

(Alejandro Bentivoglio & Daniel Juárez Dion)

EN LA CARNE

Recorrió la carne con la lengua, como intentando recordar algún sabor milenario, algo que lo conectara con ese pasado que tan desesperadamente estaba tratando de reconstruir. Luego masajeó aquellos nervios, la superficie suave y a la vez incomprensiblemente rojiza, de plena crudeza que tenía ante sí. No se sintió diferente. No halló respuestas ni se hizo nuevas preguntas. Lo invadió un extraño cansancio, como un presagio del sueño o de la muerte, metáforas de la misma imposibilidad.

Casi con indiferencia, regresó el bife al congelador. Kiara no tenía que saber de sus hábitos nocturnos. Bruno trató de no hacer ruido mientras se acostaba. Trató de no pensar en nada y se dio cuenta, con expectante vacío, que ya se estaba haciendo muy bueno en esa práctica de la ausencia.


(Alejandro Bentivoglio & Daniel Juárez Dion)

LATE NIGHT

Hemos logrado encerrarlo en el baño. La puerta no es muy resistente, pero él tampoco es demasiado fuerte. Son sus gritos los que nos preocupan. Generalmente a los vecinos les preocupan muy pocos los gritos que provienen de nuestro departamento, pero esta vez el horario es bastante inoportuno. No sé por qué elegimos este momento y no otro. Teníamos todo el día para nosotros, pero preferimos ceder al impulso del instante.

Le pregunto a Hanna si ella piensa algo al respecto. Ella se encoje de hombros. Supongo que las cuchilladas que le dimos a papá antes de meterlo en el baño harán que se desangre en un rato, que se debilite y deje de gritar. Igual ponemos la televisión, un poco fuerte para tapar el resto. Ahora hay dibujos animados toda la noche. Pienso que para matar a mamá no tendríamos que improvisar tanto, ser un poco más adultos. Pero no digo nada, tengo sueño y mañana debo ir a la escuela. La maestra nos ha dicho que finalmente aprenderemos a dividir y multiplicar.



(Alejandro Bentivoglio & Daniel Juárez Dion)

jueves, 8 de septiembre de 2011

LA VIDA VEGETAL

Suavemente suspiran los árboles. Agitan sus ramas y si no hace mucho calor corren por el campo evitando vacas y niños que intenten perseguirlos con palos o arrojarles piedras.

Cuando llega la noche se acurrucan en algún lugar lejano. Dejan unos pocos frutos y siguen su rumbo al día siguiente.

Si se sienten solos, prueban entrar a alguna casa y se quedan de una a dos semanas quietos en una maceta cualquiera.

EL SOLITARIO

El muerto se ve tan pequeño, tan frágil en su pequeña caja de madera. Casi parece nostálgico de que alguien del velorio lo toque.

Sin embargo, sería incapaz de arruinarles el día pidiéndoles que lo abracen, o que al menos cierren la tapa y lo dejen solo de una vez por todas.

EL HUÉSPED

El espanto que nos convoca a casa es el mismo que tal vez nos hace salir de ella. Alguien duerme en nuestras camas y se toma nuestra sopa. Ir o volver no soluciona nada. Revisar todos los pisos tampoco. En alguna parte siempre encontramos unos cuantos ricitos de oro, pero sólo eso. Ha sido en vano cambiar las cerraduras.

Todo esto nos parece de lo mas extraño. Nuestra madre cada día cocina peor.

lunes, 5 de septiembre de 2011

NO PUEDE LLOVER POR SIEMPRE

Vendame los ojos, y dejame caer en tu abismo. Ahogame con tus besos. Golpeame con tus caricias. Tarde o temprano el amor será heridas. Desvive mis días, las manos encontrarán los caminos perdidos. No me dejes en la soledad de esta lluvia de pupilas en celo, de esta carne que llama al otoño. Sé mis huesos, sonrisa curva en el éter del pasado de caderas, de la honestidad de esta desnudez.

Convócame el universo en la morosidad de la noche, llama cada estrella por otro nombre, llama a todo el mundo para que conozca lo oculto.

Espera el sol junto a mí, yace en la noche de las noches. Cuando el silencio ronda y no somos nadie, por fin no somos nadie más.


(Alejandro Bentivoglio & Carolina Gulisano)

MEDICATE (THE BROKEN ONE)

Despierto escuchando temblores lejanos. Son bruscas huellas inconscientes que abren surcos imaginarios. Tienden redes, vínculos, sogas y puentes. Ejercen fuerza abstracta e ilimitable. Medican el camino del agua, recortan toda intención o movimiento, cubren la estela de mis estelas.

Despierto soñándome. Soy lo que permanece entre mitades, separado por mil partes. Fragmentos reflectantes, mecánica de los vencidos, tus labios y la forma de decir adiós, correr, de cortar las sogas, de hacer islas de cada puente, de desvincular el ojo de la pupila.

De decirme que en este modelo faltan piezas.


(Alejandro Bentivoglio & Carolina Gulisano)

CAN YOU SEE ME?

Cierro los ojos y veo tu nombre escrito en las paredes de mi mente. Trato de leer esa suave caricia de tu presencia junto a la mía, Llegando a descubrir ese misterio que nos une, llegando a encontrar memorias de los pasos que a veces escucho. La metamorfosis geométrica de saberme ajeno. Estás en sueños que se evaporan en mi recuerdo, en sombras que asoman en la timidez de un día nuevo. ¿Vas a saber quién soy cuando el silencio nos grite? ¿Vas a pronunciar mi nombre, este destello que ahora es razón y locura?

¿Acaso vas a escribir mi cuerpo con las palabras de tus manos?


(Alejandro Bentivoglio & Carolina Gulisano)

domingo, 4 de septiembre de 2011

TÓCALA DE NUEVO

Las noticias que nos vienen de Londres son abrumadoras, escalofriantes, terribles: las plantas atacaron la ciudad, destruyendo todo a su paso. También nos informan que todos están ciegos, paralíticos, inermes. Las plantas tienen voluntad y esa voluntad es genocida: por fin han aprendido de nosotros. Ya las autoridades tienen un plan, sin embargo: llamar al jardinero de Hamelin que con su flauta guiará a malvones y helechos hasta despeñarse en algún vivero del fin del mundo.


(Alejandro Bentivoglio & Esteban Moscarda)

LAS TRINCHERAS

En cualquier lugar del perímetro puede haber una mina enterrada, o varias. El sargento se lo avisó a todo el mundo pero nadie quiere prestarle atención. Los soldados rasos se pasean bebiendo cócteles con ridículas sombrillas y los de más alto rango comentan el calor insoportable de las batallas en países subtropicales. Los mozos, por su parte, no se acercan al jardín y el patio está cubierto de desprevenidas gaviotas.

Puede ser que antes de que se sirvan los postres, se escuche una terrible explosión, tal vez un grito desesperado. Pero ya ha entrado la hija del general y todas las miradas se dirigen hacia su diminuto vestido azul.

LO QUE SE OCULTA

Reviso los dos cajones de la mesa de luz, temiendo lo que pueda llegar a encontrar. No es la primera vez que mi mano tantea formas incomprensibles. Cosas que oscilan entre la viscosidad y un ominoso estado semilíquido. Nunca tuve valor de mirar directamente al interior, solo dejo que mi mano descubra el contenido de los cajones.

Cuando me siento satisfecho con mi inspección los cierro con llave. Y trato de dormir haciendo oídos sordos a esos ruidos que vienen del cajón derecho.

SUAVE

Él pensaba que todos los cuchillos eran parecidos. Sin embargo, su esposa había comenzado a acariciar más que de costumbre uno de los que estaban en el cajón. Mucho, pero mucho antes de que él llegara a su casa con un rastro de rouge en su camisa arrugada.

DÍA DE CLASE

El maestro pidió el cuaderno al niño. El niño se lo entregó y el maestro pudo ver que solo había garabatos y dibujos sin sentido.

-¡Usted es un irresponsable! –gritó el maestro-. ¡Vaya a la dirección!

El niño asintió con gesto cansino, el gesto del que conoce bien la terrible distancia que separa la infancia de la adultez. Se levantó del pupitre con extrema delicadeza, se alisó los bigotes y salió del aula.

SPLEEN CANIBAL

Bruno abrió los ojos y vio un pequeño japonés que lo estaba cortando en pedazos.

-¿Qué se supone que hace?

El japonés sonrió y le cortó una pequeña porción de cuerpo que devoró en segundos.

Quizás no entiende el idioma, pensó Bruno. Luego se echó hacia atrás. Se sentía cansado, le dolía la cabeza.

Pensó en decirle al japonés que hiciera menos ruido al masticar.