jueves, 8 de septiembre de 2011

EL HUÉSPED

El espanto que nos convoca a casa es el mismo que tal vez nos hace salir de ella. Alguien duerme en nuestras camas y se toma nuestra sopa. Ir o volver no soluciona nada. Revisar todos los pisos tampoco. En alguna parte siempre encontramos unos cuantos ricitos de oro, pero sólo eso. Ha sido en vano cambiar las cerraduras.

Todo esto nos parece de lo mas extraño. Nuestra madre cada día cocina peor.

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