domingo, 4 de septiembre de 2011

LAS TRINCHERAS

En cualquier lugar del perímetro puede haber una mina enterrada, o varias. El sargento se lo avisó a todo el mundo pero nadie quiere prestarle atención. Los soldados rasos se pasean bebiendo cócteles con ridículas sombrillas y los de más alto rango comentan el calor insoportable de las batallas en países subtropicales. Los mozos, por su parte, no se acercan al jardín y el patio está cubierto de desprevenidas gaviotas.

Puede ser que antes de que se sirvan los postres, se escuche una terrible explosión, tal vez un grito desesperado. Pero ya ha entrado la hija del general y todas las miradas se dirigen hacia su diminuto vestido azul.

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