lunes, 31 de diciembre de 2012

ALGUNAS COSAS


A veces me siento extraño en sueños. Pero pienso que no es nada del otro mundo que cuando despierte aún floten cosas en el cuarto, alguna pierna suelta, una cabeza desconocida, un pie, un recuerdo que busca la ventana abierta.

AMADEUS


Lo había escuchado todo, las melodías más complejas, los sonidos más perfectos y los más aberrantes. Había cargado con todos ellos y ahora, sentado frente al piano, pensando en sí mismo, lo único que podía tocar era ese maldito réquiem, esa absurda marcha fúnebre que todo lo anunciaba.

MATARSE LENTAMENTE


Despierta desmelenada, cobijada en el suelo de la habitación. La miro perderse en el despertar, buscándome sin saber quién soy yo. Me sonríe. Ni siquiera sé su nombre, pienso. Ella se levanta y encendiendo un cigarrillo ya comienza a desvolverse de mí. Sigo su silueta hasta el baño, la puerta cerrándose. Ella es la mujer más hermosa que jamás he visto.
Amar es este momento cuando me visto y me marcho sin saber donde estuve.

ANTES DE LLEGAR A LA CALLE


Como si algo pudiese cambiar realmente, me levanto de la cama y en el living ya hay otros mejores que yo que lo intentaron pero que no pasaron del sofá y uno de ellos me saluda y me ofrece una cerveza y me siento y alguien pone una vieja canción en la radio y otro recuerda con nostalgia una novia que alguna vez tuvo fuera de este departamento ya cubierto de humo de cigarrillos.

domingo, 16 de diciembre de 2012

EL COBARDE



El agua de la pileta era muy azul. Unas nenas jugaban con unas muñecas al costado. Bruno se quitó la remera y se acercó hasta el borde. Ahora me tiro, se dijo. Pero no lo hizo. El asado ya estaba listo y algunos se sentaron a comer. Después llegó la tarde y la noche y las nenas se metieron en la casa.
Ahora me tiro, se dijo Bruno, en el borde de la pileta, sin remera, temblando de frío.

PARODIA



Tal vez cumplía años ese día y su padre había contratado un par de payasos, pero ahora sólo uno de ellos, el alto y delgado estaba en el jardín con los otros niños, pero Lorenzo, que era él, no estaba viéndolo porque quería saber adónde estaba el otro, el torpe y maloliente. El que tenía una lágrima azul pintada en su cara blanca.
Lorenzo entró a la casa y en la cocina vio que el payaso gordo hacía el amor con su madre. La madre de Lorenzo tenía unos cuarenta años bien llevados. Él pensaba que era hermosa, pero también que había algo de grotesco en la forma en la que sus pechos regordetes se balanceaban mientras el payaso jadeaba.
No supo qué decirles y se fue. Su padre nunca entendió por qué él odiaba tanto a los payasos.

PROFESIONAL



Recortó cuidadosamente a Carla y la clavó a la pared con unos alfileres. Ella se quejó en un principio, pero luego se sintió más cómoda y él se alejó unos metros para contemplarla.
En las tardes, quitaba la suciedad de las extremidades. Si cualquier visita llegaba, él hubiese odiado que dijeran que era un mal decorador de interiores.

DESPUES DEL DILUVIO UNIVERSAL



Antes, le dijo, los días eran más largos. Y había tiempo para perder. Realmente lo había. Uno podía ver gente perdiendo el tiempo por todas partes, en las calles y en sus casas. Por una ventana abierta, por callejones en sombra. Llovía tiempo y todos hablábamos de lo que era bueno y lo que era malo y de lo que era importante y de lo ridículo. Pero ahora, somos otros.
Ya nadie se animaría a dejar caer arena al suelo.

jueves, 22 de noviembre de 2012

TEMA PENDIENTE



Caminó a lo largo del estrecho pasillo que lo conduciría hacia la playa de estacionamiento. Rutina. El vehículo estaría en el box 33 como siempre. Max lo saludaría desde lejos , como siempre. Y él emprendería la marcha rumbo a su casa para arribar a tiempo de ver su equipo de fútbol favorito. Pero esa tarde, se apagaron todas las luces del pasillo. Él tenía un tema pendiente con la oscuridad. Escuchó unos pasos.
El terror casi lo golpeó en la cara cuando la voz lo alcanzó.
-¿No dijiste que ibas a llamar, eh? –dijo El Cuco-. ¡Te estuve esperando todos estos años!
-Yo… Estuve ocupado.
-¿Ocupado?
-Eh… Podemos arreglar … una cena… después una asustada, ¿te parece?
-Más te vale. Pero yo te llamo –dijo El Cuco, marchándose, no sin antes reclamar su teléfono.
Las luces volvieron. Tendría que cambiar de trabajo. Le había dado un número falso.

(Ana Caliyuri & Alejandro Bentivoglio)

ESTRUCTURAS



¿Adónde llevan esas puertas que desconocen llaves y cerraduras? Cuál será el ruido de las habitaciones vacías, que no tienen salida, ni tienen principio ni tienen fin y donde sólo cuelga una bombilla que tambalea su luz?
¿Cómo se estará en las casas que se unen entre sí, en ciudades sin nombre, que el olvido y el smog van cubriendo de una historia tan falsa como cualquier otra?
¿Cuál será la historia que los pasos perdidos entre las baldosas y los pasillos, de las penas que añejaron con las paredes húmedas? ¿Adónde se arrumban las desdichas cuando no hay altillos ni terrazas que escurren?
Lo aterrador no es la infelicidad, sino las múltiples versiones de uno mismo conviviendo simultáneamente en estas estructuras. Ahora feliz, ahora amargado, un segundo después, o en el mismo instante, muerto. Preguntarse es inútil, no hay dudas o todas son posibles en este conventillo cuántico.

(Alejandro Bentivoglio & Guillermo Vidal)

ASCENSOR



El ascensor que va al infierno es inquietantemente lento. Varias veces hemos pedido que lo reparen, pero la administración nos mira con sorna y se ríen entre ellos. Luego nos dicen que lo harán, pero no lo hacen. Algunos sospechan que esta lentitud es parte de los castigos infernales, pero es imposible saber si estamos frente a planes del inframundo o a una administración que quiere ganar dinero con nuestras expensas sin hacer nada a cambio. Por eso le sugerimos tomar las escaleras. A pesar de que por esta ruta tardará una eternidad, evitará la aborrecible musiquilla y la incomodidad de tener que observar el contador para evitar el contacto visual con otros pasajeros hasta que se detengan. Esta opción suena fatigosa, pero después de un par de siglos ya ni sentirá las piernas. Hasta puede llegar a ser una experiencia que le cambie la vida. Ya verá.

(Alejandro Bentivoglio & Alejandro Domínguez)

TODAS LAS PRINCESAS



Va secuestrando princesas y las esconde en una torre. Tiene docenas, pero nunca está contento, nunca satisfecho. Las princesas se aburren porque él no está nunca, siempre buscando una nueva víctima. Solo les queda hablar con el dragón que las custodia. Con el tiempo saben que es un bicho simpático. Sus años lo han hecho amable y casi nunca hecha fuego. A los caballeros al rescate los calcina sin saña.
Pero ¡Oh sorpresa! Un día al volver de su cacería el secuestrador se encuentra con que una princesa está embarazada. Maldice al dragón que pone cara de yo no fui. Varias noches se queda allí de guardia. Una nueva princesa embarazada. La primera podía ser obra de algún espíritu lascivo pero ¿y esta nueva? Las separa a dos por torre. Él será el guardián. El dragón cuidará una torre. El secuestrador arrastrándose entra en la que cuida el dragón y éste confundiéndolo con un caballero lo calcina.

(Alejandro Bentivoglio & Ada Inés Lerner)

LA LUZ MALA



—Le digo que es la luz mala —dijo Zenón.
—Qué no —replicó don Zoilo.
Los dos paisanos miraban hacia el horizonte, iluminados apenas por la fogata que habían encendido para pasar la noche. A lo lejos, una cierta fosforescencia se dejaba ver.
—Es la luz de la luna, o huesos de animales —dijo Zoilo.
—Que no, es la luz mala, le digo.
—La pucha, si será porfiado —rezongó Zoilo, mientras sacaba de su bolsa el paquete de tabaco y con sus dedos mugrientos armaba un cigarrillo.
Zoilo permaneció un rato largo fumando pensativo. Cuando volvió a mirar a su compadre, el Zenón ya estaba dormido; —Gaucho marrullero —dijo, para sí—, menos mal que tenía miedo —. Acomodó el poncho y se tiró en el suelo, junto al otro hombre.
Por eso, cuando por fin los alcanzó, ninguno de los dos sintió la helada caricia de la Luz Mala.


 (Alejandro Bentivoglio & María del Pilar Jorge)

GIROS



La velocidad de la calesita es tal que pedazos de pasto y tierra vuelan por los aires. Algunos niños se mantienen aferrados a los caballitos con toda la fuerza que pueden. Los padres gritan, pero resulta imposible detenerla o subirse al rescate. Cada tanto algún niño de brazos flojos es expulsado a causa de la violencia de las vueltas y traza una trayectoria hacia unos colchones que han puesto los bomberos.
La calesita termina separándose del suelo. Rápidamente, gana altura. Los pasajeros se arrojan en cuanto pueden y unos cuantos son atajados ilesos. Otros se estampan contra el suelo. Hay dos que aún no pueden ser reconocidos y se está averiguando si alguno no alcanzó a tirarse.
Los niños que esperaban impacientes la próxima vuelta, la despiden balanceando una mano y pucherean cuando son arrastrados por sus padres y comprenden que, al menos por hoy, ya no habrá calesita.

 (Alejandro Bentivoglio & Fernando Andrés Puga)

LA NIÑA DEL ÁTICO



Hemos intentado de todo, pero nada ha funcionado. Las averiguaciones acerca de la casa no han dado mayor resultado. En ningún lugar se menciona algo sobre la muerte de una niña o algo similar. Sin embargo, todas las noches mi mujer y yo escuchamos a la niña del ático llorar. Cuando subimos no hay nadie.
Hace dos noches, sin embargo, encontramos un antiguo oso de peluche en el suelo.
Luciana lo levantó. Increíblemente, no estaba apelmazado ni cubierto de polvo o telarañas. Con la linterna en la mano (todavía no arreglamos la instalación eléctrica del ático), me adelanté unos pasos para ver si había algo más, pero no…Protestando, me di vuelta y Luciana ya no estaba. Supuse que habría vuelto al dormitorio, cerré la puerta y bajé. Ahora tampoco duermo, al llanto del ático se le suma la voz de mi mujer pidiéndome que la vaya a buscar.

(Alejandro Bentivoglio & Maru Alzugaray)

jueves, 1 de noviembre de 2012

GLAMOUR



El edificio se derrumbó en un abismo de polvo. Todos lo miramos como si agazapado en las sombras hubiese algo más que ese desplomarse en medio de la ciudad. Pero no pasó nada y el tráfico siguió igual y la policía no nos pidió que nos fuéramos porque ya nos habíamos ido diciéndonos que no había sido tan espectacular, tan inolvidable.
No falto mucho para que piso a piso, el edificio volviera a recomponerse, frustrado y de una pieza. Rojo ladrillo de vergüenza.

EL MISTERIOSO DOCTOR



Bebió el brebaje, esperando la metamorfosis. Pero los minutos transcurrieron sin que nada sucediese. Años de trabajo habían sido en vano, la nueva fórmula tampoco funcionaba y jugar a Dios seguía siendo inútil.
-¿Y bien? -preguntó Solange.
Él se encogió de hombros. Cuando giró hacia la puerta, Solange dejó escapar un grito: él ya no tenía espalda.

LOST IN THE WIND



Un hombre escuchaba el sonido del viento en la copa de un árbol. No se había dado cuenta de que mucho tiempo atrás, otro hombre había talado ese árbol por completo.

NEVERMIND



Estoy muerto pero nadie lo sabe. Adjudican mi silencio a una rigidez de carácter. En las reuniones más circunspectas, me miran de reojo. Nadie comenta el ligero olor de la descomposición.
Hablan del clima, miran por la ventana o alguien pide un café con edulcorante.

DEAD HORSE



Lloraba y mis lágrimas desaparecían mi rostro, dejándome una superficie blanca sobre la cual mi amada escribía una y otra vez que nunca estaríamos juntos, que el amor es conocer el nombre del caballo muerto al que estamos pateando.

EL VIDENTE




Lo presentía, el techo iba a caerse. No lo dije, porque temí ser tomado por uno de esos locos que andan por ahí anunciando calamidades, que buscan lo oscuro en todo, que ven siempre el vaso medio vacío, que no pueden tolerar la felicidad de los demás, que no soportan que el mundo realmente funcione.
Por eso, esperé a que se cayera por completo, que los aplastara a casi todos. Espere ese momento y cuando entre los cadáveres encontré a un sobreviviente, pude decirle ese: sí, yo lo sabía, sin sentir remordimiento.

COQUETERIAS



La esfinge piensa una y otra vez sus acertijos. No es que le importe demasiado comerse a los forasteros. Pero quedar en ridículo le quita el sueño.
Piensa que todos los secretos terminan por descubrirse, pero quizás, si no fuese tan inteligente, alguien terminaría por decirle que le falta maquillaje o cualquier otra cosa igual de humillante.

domingo, 21 de octubre de 2012

ECOS DE LA LUNA



La luna grita / heridas que duelen/ con el color de una serpiente/ y vos /en el centro/de una geometría distinta. Ivana Szac
 
 
La luna grita heridas que duelen con el color de una serpiente y vos en el centro de una geometría distinta, trazando círculos que culminan y figuras que nos dibujan como forasteros de estos labios que se inclinan sobre las dunas de una noche, de estos dientes que muerden la carne que se abre, floreciendo al deseo de rectas que conectan los planos por los que caemos, víctimas de este delicioso veneno. En este juego de afilados colmillos que nos hacen manada en la distancia de los páramos donde permanecemos juntos creando los nuevos astros.

(Ivana Szac & Alejandro Bentivoglio)

CUANDO ELLA CAE



Ella intenta escapar/de ese laberinto gris/pero queda atrapada/en los contornos del miedo. Ivana Szac


Ella intenta escapar de ese laberinto gris, pero queda atrapada en los contornos del miedo. Quizás ha cometido algunos errores y sus pies descalzos ya no saben lo que es el rumbo y lo que son las astillas. Cómo saber lo que vive dentro, lo que clama por ser escuchado. ¿Acaso alguna vez la pregunta fue cómo salvarse? Se siente empujada, se siente arrastrada y cierra sus ojos, sabiendo que se desarma como una muñeca que el tiempo ha olvidado en el cuarto donde alguna vez los juegos terminaban para ir dormir.
Desaparece entre paredes donde el sueño es el último deseo.


(Ivana Szac & Alejandro Bentivoglio)

TAROT



Una mujer, rostro de virgen/ tatuada / en el sótano de los ciegos. Ivana Szac
 

Una mujer, rostro de virgen tatuada en el sótano de los ciegos. Una estampa grabada en la palidez de una mirada. Que sus brazos y piernas encarnen los muros, los barrotes que son rotos, cada letra que brilla en la oscuridad.
Una mujer, estrella que ilumina, en las pupilas muertas de los fantasmas. El respirar de los huesos, la trémula carne. Sola, el alma toma sus chances y sortea el destino.
Ojos blancos, mujer rojo sangre, su aliento es esta vida que a veces se escapa.

(Ivana Szac & Alejandro Bentivoglio)

DETRÁS DE LAS VENTANAS



El silencio se agota/ detrás de las ventanas/ y tu voz es la inmensidad en el asfalto. Ivana Szac.


El silencio se agota detrás de las ventanas y tu voz es la inmensidad en el asfalto. No estoy aquí para salvarme, ¿qué es lo que ves cuando me estoy hundiendo? Las muñecas lamen su porcelana y los extraños son vacíos que nunca se llenan. Somos lo que empujamos hacia nosotros. Tirando de mí, encuentro los hilos y las cadenas de mi carne, la cercanía del mar que es sal que arde en el interior de nuestros secretos.
Irreverentes solitarios que se encuentran en la noche de este orgullo, irreverentes desconocidos que se buscan en el día de esta estación sin rumbo.

(Ivana Szac & Alejandro Bentivoglio)

EL DESFILE DEL CUERPO



Me desarmo/ en los hilos del viento/ en la noche murciélago/ en las palpitaciones de las puertas. Ivana Szac
 
Me desarmo en los hilos del viento, en la noche murciélago, en las palpitaciones de las puertas. Me desencuentro entre manos y caricias que son niebla en la memoria, articulando los átomos de cuerpos que danzan como si no existiera nada más.
¿Acaso temo, acaso soy el sueño de una pupila humedecida? Soy testigo, mas nunca víctima. Me construyo piel a piel, renaciendo en otra palabra que vive a través del sonido de tu voz.
Este desfile es solo para los locos que entre sombras desnudas encuentran la verdad que tiembla.

 (Ivana Szac & Alejandro Bentivoglio)

domingo, 7 de octubre de 2012

CUESTIONES DE HOSPITAL



 Entró María, la enfermera, y sonrió culposa; examinó la mesa, como buscando algo, murmuró algo que ninguno de nosotros logró descifrar, renunció a su pesquisa y salió dejando la puerta abierta. Natalia se puso de pie y la cerró.
 —Se volvió loca cuando supo que el padre era asesino serial —dijo Estela.
 —Simulá —repliqué—. Sacá ventaja de eso.
 Natalia y Estela se encogieron de hombros al mismo tiempo, algo que me causó mucha gracia.
-¿De qué te reís? –me preguntaron.
-De nada –dije-. Se la pasan culpando a papá de todo.
-Vos mejor callate que ella ya se despierta y le duele la muñeca por las esposas –dijo Natalia.
-Tengo la llave, se la robé al policía.
-¿Se van a callar? –dijo Lucette al despertar, hablándole a todas las voces que habitábamos su cabeza-. Dios, después se preguntan por qué quiero matar gente.

(Sergio Gaut vel Hartman & Alejandro Bentivoglio)

OTRA RESURRECCIÓN



 Me informaron de mi suicidio nueve días después de producido, un largo espacio de tiempo, evidentemente, lapso durante el cual estuve muerto. A partir de ese momento, Felicia me empezó a lavar con agua tibia, me afeitó, me hacía orinar y me alimentaba. Pero además varias personas desconocidas entraron en la habitación y se mantuvieron cuchicheando en un rincón.
 —¿Se puede saber quiénes son ustedes? —dije cuando tuve fuerzas suficientes para tomarme del respaldo de la cama para incorporarme.
-Dejalos –me dijo Felicia-. Son almas que encarnaron en vos mientras estuviste muerto. Les dije que ya estás vivo, que no insistan. Pero no entienden nada, son brutos irrecuperables.
-¿Por qué? –pregunté entre curioso y apenado.
-En sus otras vidas fueron comentaristas deportivos, políticos, escritores, ¿qué querés que entiendan de la vida y la muerte?

(Sergio Gaut vel Hartman & Alejandro Bentivoglio)


SIN FILO


 Llevo años temiendo que mi cabeza se desprenda del cuello, ruede barranca abajo y que al detener su marcha al pie de la colina sea usada por unos vagabundos para jugar al fútbol. Se lo dije a mi amigo Mauri y él, que siempre tiene una respuesta para todo, no me defraudó.
 —Te recomiendo que veas al licenciado Stepanislavsky —dijo Mauri sosteniendo en sus manos una copa de coñac—. Él resolvió el problema de Ana Bolena.
Fui de inmediato y pagué los quinientos doblones de oro exigidos. Con naturalidad me explicó que  mi cabeza no existe, por lo cual no puede separarse. Tampoco existen los vagabundos o el fútbol. Ni siquiera la espada que finalizó el cuello de la reina. Todo es ilusión.
Yo, ahora, creo no haber entendido bien, porque luego de trompear de arriba abajo a Stepanislavsky, él insistió en llamar a una concreta policía.

(Sergio Gaut vel Hartman & Alejandro Bentivoglio)

JODIE FOSTER Y LOS ENANOS



 —¿Me estás hablando a mí? ¿Me estás hablando a mí? —dijo el taxista, mirando al espejo.
 —Sí, a vos te hablo —dijo el espejo—. ¿Sabes que sos el más lindo de la ciudad?
 —¿Eras maricón? —preguntó apuntándolo con el arma.
 —No, es un comentario. Pero bien que te gusta saberlo.
 El taxista loco frunció el ceño. Sí, podía ser. Nunca le habían dicho que era el más lindo. Tal vez el más loco, pero lindo no.
 —Esto no queda acá —dijo el taxista.
 —¿Qué hacemos? —dijo el espejo.
 El taxista detuvo el vehículo y se metió en el espejo. Del otro lado había un millón de reflejos enanos y una chica con aspecto de reventada. Seguro que es bióloga o astronauta, pensó.
 —¿Quién manda aquí? —exclamó el taxista.
 —Yo, papito —dijo ella, y el taxista, más que nunca, quiso parecerse a Carl Sagan, no a Robert de Niro.


(Alejandro Bentivoglio & Sergio Gaut vel Hartman)

MAL ASPECTO



Por aquella época, yo tenía un aspecto tan enfermizo que la gente me daba limosna sin necesidad de que extendiera la mano. Me ponían monedas en el bolsillo de la campera, y llegué a estar tan delgado y encorvado que parecía tuberculoso. Lo peor de todo era que después de que expulsaran a los invasores del espacio, me obsesionaba la idea de que esos seres anaranjados regresaran y dieran vueltas por la ciudad como zanahorias podridas.
A menudo me dedicaba a vigilar, pero nada pasaba. Quizás tuviesen razón, quizás los invasores del espacio se hubiesen ido de una buena vez. Pero luego me decía, ¿acaso la aparición de esos fantasmitas de colores no anunciaban algo aún más catastrófico? ¿Acaso no amaneceríamos, desprevenidos bajo un sol oscurecido por un enorme, invasor Pac Man de otro mundo?


(Sergio Gaut vel Hartman & Alejandro Bentivoglio)

HEMBRA



 La casa estaba impregnada del aroma de aquella mujer excitada, siempre a punto de ceder a sus impulsos animales. A mí me parecía que eso iba en contra de las normas y aguardaba con temor que le sucediera algo grave, como entrar en combustión espontánea o descomponerse como un trozo de carne expuesta al sol. Pero no. Ella seguía conectándose con todos esos tipos, ignorando que yo la espiaba.
La veía con la cámara secreta que había instalado para preservarnos a todos sus vecinos. Día tras día, enchufándose cables en el cuerpo, uniendo otros cuerpos en red, haciendo llegar unas cuentas de luz que ni lo puedo contar. Llegando incluso a colgarse de la instalación de la cuadra de al lado en una vorágine de plugins infames.
Dejándome a mí, electricista voyeur, el constante trabajo de revisar los tapones, evitando una pornográfica explosión de sexo y voltios.

(Sergio Gaut vel Hartman & Alejandro Bentivoglio)

MUTACIONES



Cuando la brillante luz del reflector hirió el rostro de Evaristo un sonido gutural le brotó de la garganta. Había cerrado involuntariamente la última puerta, la única que comunicaba con el mundo residual. Giró sobre sí mismo y se dispuso a golpearse la cabeza contra el metal, el mínimo castigo que se merecía por la estupidez cometida. Pero se quedó con la boca abierta: donde antes había una puerta ahora se veía un paisaje que se extendía a su alrededor en todas direcciones. El reflector lo atontaba mientras la Policía del Pensamiento se le acercaba para molerlo a palos.
-El paisaje –murmuró, mientras sentía los primeros bastonazos.
Habría sangre y dolor. Pero Evaristo no vería las botas que lo pisotearían. Susurraría la belleza del paisaje comprendiendo que solo era suyo. Pero nunca confesaría en qué parte de su apaleada cabeza estaba el mapa que llevaba a ese lugar.



(Sergio Gaut vel Hartman & Alejandro Bentivoglio)

miércoles, 12 de septiembre de 2012

EL POETA MALDITO


En ocasiones no puedo dejar de mirarte. La forma en la que te reís o como movés las manos cuando querés enfatizar algo. En ocasiones hay luces por todo tu cuerpo y no me molesta pensar que soy tan cursi como cualquier otro hombre enamorado.
Pero luego en la soledad escribo sobre muertos y catástrofes. Trato de disimularte entre el horror y las mutilaciones. Aunque, invisible, tu nombre está entre todas las letras, acurrucado en la caricia de los puntos y las comas.
Pienso que sería fatal descubrir que apenas notás mi presencia, que cuando hablo de la perversidad de la belleza (tan solo para no hablar todo el tiempo de vos), estás pensando en qué marca de shampoo vas a usar hoy por la noche cuando llegués a tu casa.

YA NO LLORO MÁS


Voy a poner un disco de Mimi Maura y después me voy a pegar un tiro. Ya lo tengo todo bien planeado. Me imagino que tarde o temprano mis vecinos se van a dar cuenta de que algo no está bien y van a llamar a un cerrajero. Todo para después encontrarme desparramado en un rincón. Quizás piensen que fui desconsiderado. Quizás discutan porqué elegí un disco de Mimi Maura y no uno más acorde con la muerte.
No crean, pienso que les diría de estar vivo, no crean que toda esta felicidad no tiene que ver con la muerte. Les diría que la tempestad empieza cuando todos se han ido y un hombre solo permanece mirando una pared cualquiera.

DID MY TIME


A medida que envejezco todo parece más pequeño. Duermo en el piso guardando cajas que antes eran armarios, escondiendo baberos que antes eran trajes de distinguidos señores. Escribiendo versos que antes eran una vida.

MUERTE DE LO FANTÁSTICO


Cuando el Museo de Arte cierra sus puertas y solo quedan los guardias de seguridad y las luces se apagan, las figuras de los cuadros no se mueven, ni hablan. No pasa nada extraño ni sobrenatural. Los guardias hacen sus rondas, juegan a las cartas y ríen vulgarmente hablando de mujeres de pechos descomunales.
Cuando se van a la mañana, el sol no está detenido en el cielo, sino que sigue su rumbo silencioso, como si no pasara nada. Como si nunca, jamás, jamás de los jamases pasara nada.

LO QUE QUEDA


Cuando todo se va, quedan partículas dispersas, fría fusión, que encuentran su forma de brotar semillas que florecerán en la primavera de todo invierno.
Todo se recorre hasta agotarse, todo se persigue hasta encontrarse y luego abandonarse. Pasajeros o testigos, culpables o inocentes, inmóviles, animales en jaulas abiertas que buscamos cerrar.
Las puertas de la percepción son empujadas y pocos lagartos verdaderamente parecen lamer al sol sin quemarse.

JAMÁS ESTUVO AQUÍ

Tantas veces fuera de foco, tantas veces alejándose de la luz para no captar la herida. La sal y el corte. Lo no dicho y la marea que fecunda los días. Estos azules pensamientos de tiempos y soles por descubrir.
Revelados en cuartos no demasiado oscuros, copias para enmarcar en una memoria fugitiva. Mi pequeña misiva del exilio.
No creo en lo que puedo ver: Las fotografías solo son paisajes en blanco.

WICKED GAME


¿Qué corazón en llamas pedirá ser salvado? ¿Qué sueños me harán suplicar por sentirme así por siempre? Los extraños caminos de un esclavo voluntario saben encontrarse en los párpados besados por las pupilas de un amante.
El deseo es pulso cuando el mundo es oscuridad, ¿cuántos soles han desaparecido antes que nosotros?
Cuántas rutas existen para llegar a la ciudad donde habitan los recuerdos que romperán el eclipse. Cuántas veces diremos que este es el último juego antes de empezar el siguiente.

sábado, 18 de agosto de 2012

LA NATURALEZA DE MI ENCIERRO


Estoy en una cárcel. Pero no es una cárcel común. No hay barrotes ni cadenas. No hay guardias ni tampoco presos. Solo estoy yo. Las paredes son reales pero metafísicas, insoslayables. Me alimento de una pasta extraña que aparece por momentos, cuando el hambre se empecina en arrugarme. No recuerdo mi crimen. Sí sé que fue algo terrible, una afrenta mayor que ensucia los legajos de mi éter. No, no se sonroje, estimado interlocutor: mi alma también puede llorar. Usted debería saberlo bien. Porque está aquí. Sí, dije que estoy solo. ¿Pero quién soy, yo o usted? Usted  también está aquí. Como parte de mi crimen. Todo crimen necesita una víctima. Usted es mi víctima. Y está en mi cárcel, una que no es común, sin barrotes, cadenas, guardias, presos. Con paredes que llevan la adecuada forma de mi cráneo, donde usted pasará el resto de los días.


Esteban Moscarda & Alejandro Bentivoglio

EN LA GUERRA CONTRA EL SUEÑO III


 Las ovejas ya no sueñan por miedo a que sus circuitos eléctricos queden descompuestos. Los niños de carne-metal programaron sus almas sintéticas para aguantar la falta de paisajes oníricos. La guerra sigue. En algún sector de la galaxia antes conocida como Andrómeda un renombrado general, de apellido Borges, planea su próximo ataque como si fuese una partida de ajedrez. El campo de batalla está atestado de peones en forma de tazas de café gigantes. Los mundos son extraños, plagados de amenazas como tigres y laberintos. El general mueve sus piezas, encegueciéndose en la inutilidad de sus subordinados que se niegan a atacar a los humanos y destruirlos de una buena vez, acabando el mundo para empezarlo otra vez en un eterno retorno.
-¿Es que no puede seguir una simple directiva? –grita el general a su segundo-. ¿Qué excusa tiene usted?
-Yo, robot –responde el interrogado, disculpándose.


Esteban Moscarda & Alejandro Bentivoglio


OLIMPÍADAS DEL INFIERNO


En las olimpiadas del infierno es muy popular el headball, o fútbol con las cabezas de grandes deportistas condenados. Es un apasionante juego en donde mil demonios se enfrentan a mil diablas pateando a troche y moche la cabeza de algún desdichado. Viva está la cabeza, por supuesto. No hay arcos, solo gana quien más dolor le infringe al pobre cráneo. Otro deporte muy interesante es el ajedrez venusino. Que se juega con piezas hechas de extraterrestres pecadores. Básicamente, se podría decir que todo juego infernal consiste en el sufrimiento de algo o alguien. Aunque este no es el verdadero tormento diseñado para las miles de almas en pena. La verdadera tortura radica en la transmisión de estas competencias, los comentarios deportivos, las ceremonias de inauguración y cierre que pueden durar milenos. En fin, estar anclado a un sofá mefistofélico con un control remoto en la mano. Sin baterias.


Esteban moscarda & Alejandro bentivoglio

ESTA SELVA NOS QUIERE COMER


 Clark Gable y Grace Kelly van caminando de la mano por un sendero de plata. A los costados, una pesada y húmeda selva parece querer tomarlos, secuestrarlos, torturarlos de la peor manera posible. Por suerte, el sendero contiene una especie de campo de fuerza que protege a los paseantes. Gable se detiene en un momento. Sus ojos se pierden en la espesura verde pero son rescatados por los encantadores faroles de la Princesa. Todo está bien, se dice. Al menos hasta que aparece la niña con el perro.
-¡Pero qué nena más linda! –dice Grace Kelly-. ¿Cómo te llamás?
-Soy Dorothy. Voy a ver al Mago de Oz. Vive pasando la selva oscura. Eso me dijo Virgilio, el tano pizzero.
 La nena miente. No hay mago ni Dorothy. Ella se llama Lolita y Gable, lo comprende tarde, es débil, muy débil a esos ojos que ya se le insinúan.


Esteban Moscarda & Alejandro Bentivoglio

EN LA GUERRA CONTRA EL SUEÑO II


 En una planicie de arenas rojas y cachos de carne desparramados por doquier, bajo un cielo que se licuaba de tan atacado que estaba por los seres del sueño, la compañía Beta, compuesta por cincuenta varones de distintas razas, armados con bazucas de realidad y dos o tres granadas hiper-vigilias, avanzaba despacito tanteando el terreno. Los dos soles de aquel sistema bailaban una rumba. El sargento Pork fumaba su cigarro.
-¡Que nadie se quede dormido! –gritaba cada tanto. -¡Déjese de estar quieto, cabo Descartes! –aullaba el sargento-. Que así nunca vamos a ganar esta guerra.
-¡Es que me confundo! ¿Sueño, pienso, existo?
-¡Cállese y camine que si no va a terminar como el soldado Berkeley!
Más lejos, venía un hombre que murmuraba cosas incomprensibles, que sonaban como ¿nos sueñan, nos piensan, existimos?
Nadie quería mirar las ovejas de suministros que transportaba el cabo Dick. 


Esteban Moscarda & Alejandro Bentivoglio.

miércoles, 8 de agosto de 2012

BEHIND BLUE EYES


Nos hemos olvidado cómo encajan las cosas, nos hemos olvidado de conocer las respuestas sobre salvaciones y hundimientos. Y ahora los fragmentos unen lo disperso, la fatalidad de la certeza. El ahogo detrás de una llamada a un número equivocado. Sueños que descienden en la conciencia. ¿Cuánto se puede naufragar detrás de unos ojos azules? El amor palpita sintiéndose venganza que envenena. Cuántas culpas llenarán esta casa que le pertenece al dolor y al odio. Sombras hechas de polvo de estrellas. Alguien será llevado por la marea y alguien esperará en costas que no figuran en mapas.
Pero nunca sabremos, nunca nadaremos en estas olas de imperfección hasta conocerlo todo. La pausa de los espejos nunca nos dirá cuánto se puede naufragar detrás de unos ojos azules.

ALGO INALCANZABLE


Me sumo en el sueño.
 Veo un unicornio correr, intento alcanzarlo, quiero montarme en su lomo, sé que si lo consigo lograré la tan ansiada felicidad que me fuera negada en mi niñez y adolescencia. Siempre ocurre lo mismo, el animal escapa, como absorbido por una bruma y yo quedo solo, tragando polvo hecho de nada. Despierto llorando, la enfermedad corroe mi cuerpo, pienso en la belleza del unicornio, en su perturbadora lejanía.
 Otra vez debo rendirme ante la realidad de esta constante derrota. Tengo que conformarme viendo los trofeos de mi habitación. Esas cabezas de elfo que tengo en la pared, las hadas en la jaula. El lugar vacío que guardo para el unicornio domado, su cuerno alzado, su cuerpo feteado, listo para el banquete que imagino a diario.


Carlos Enrique Saldivar & Alejandro Bentivoglio

LA QUE ME MIRA


 La muñeca de mi hija no me despegaba la vista. He pensado muchas veces en juguetes que cobran vida de pronto y hacen daño a sus dueños. De inmediato, me río, qué tontos pueden ser los pensamientos de un hombre imaginativo. Aunque, es curioso meditar en ello, es la primera vez que me quedo a solas con la pepona en casa, Tita está jugando en la casa de su mejor amiga. ¿Qué me ves, lindura? ¿Quieres un beso? Me acerco y acaricio su rostro de plástico. No pasa nada. Con lentitud me aproximo un poco más y le doy un beso. Es estúpido. Lo sé. No va a pasar nada. La dejo en el suelo. Me causa gracia mi imaginación.
 Pero al darme vuelta, la sonrisa se me congela. Mi muñeca inflable, Lucette, la que guardo debajo de mi cama, me mira desde la puerta del cuarto.
 Lo ha visto todo y sus labios redondos fuerzan una O de enojo y celos.


Carlos Enrique Saldivar & Alejandro Bentivoglio

IMPACTO QUE TARDA


Me he lanzado de la azotea del edificio, dentro de poco mi cabeza quedará destrozada contra un suelo de cemento, intento no pensar, pero las imágenes de la traición de Mara: su curvilíneo cuerpo, montado rítmicamente sobre un extraño. La escena de su rostro asustado ante mi presencia, el sonido de su voz pidiendo perdón, parecen eternizarse. ¿Cuándo moriré? ¡Quiero golpear el piso de una vez! ¡Déjame en paz, Mara!
 Pero ella no escucha y gritá perdón, o yo entiendo eso, y en realidad dice: soltame, desgraciado, que nos matamos. No sé.
 Mis manos aferrando sus muñecas no se sueltan ni cuando nos estrellamos en el suelo. El extraño, ese miserable, ha caído también sobre ella, como copulando aún en el fin. Ni siquiera luego de haberlos encañonado para obligarlos a saltar conmigo se han separado, pienso unos segundos luego del impacto. Y cierro, cornudo, mis ojos.

Carlos Enrique Saldivar & Alejandro Bentivoglio

ELLA, ENCANTADORA


Quedé embrujado por su presencia. No era una chica demasiado bonita, pero poseía una figura impresionante. Ya me habían hablado de ella, me dijeron que solía venir a esta discoteca cada noche, que escogía a un galán para llevarlo a su departamento y hacerle el amor toda la madrugada. Yo era el elegido, lo noté al ver su sonrisa. Intenté decir algo, pero ella me hizo un gesto de silencio, me tomó de la mano y me llevó a bailar.El tiempo pareció perder sus propiedades y el espacio también, a medida que nos deslizábamos por el salón. Sin saber cómo, terminamos en su habitación y sí, hicimos el amor el resto de la velada. La mañana nos despidió con un beso. 
Cuando anocheció fui a buscarla a la misma discoteca. Me saludó de lejos porque  estaba con otro. Algunos, que ya habían estado con ella, me dijeron que ni me preocupara por hablarle. Cada noche, su tarifa aumentaba un poco más.


Carlos Enrique Saldivar & Alejandro Bentivoglio

PETITE MORT


Demasiado tiempo llevo sospechando sombras y sé que no queda nada bajo esta piel. Solo la imagen de una forma, la sorpresa de una fragilidad que a veces llamamos cuerpo.
Sueltas tus manos, te deslizás en este espacio húmedo, completando tu contorno mientras construyo figuras, entrelazando lo invisible.
Y cuando no quedan horas, ni momentos revolotea tu sombra sobre lo desnudo, dejando las sospechas, las dudas, haciendo que lo improbable suceda, que la pequeña muerte celebre su ritual.

Ivana Szac & Alejandro Bentivoglio

viernes, 27 de julio de 2012

BEAUTIFUL


A qué jugamos en estas líneas trazadas al pasar. Tenemos tanto para esconder y tanto para exponer. Los daños son silencio, lo roto construye la mirada.  Te descubro desnuda como una lágrima que los ángeles desean. Sufrir es también suspirar. El plan maestro es una hoja que se revela a través de las palabras borradas. A veces estás recostada sobre el recuerdo de un libro abierto a medias, recorriendo tus ideas sin decirme nada. A veces yo testigo de mis huellas dispersas. Como océanos que confluyen, como preguntas que no se deben hacer. Compartimos la tragedia del amor como elegantes desconocidos.
Los extranjeros de nuestros cuerpos borran las líneas que antes yo creía garabatos.
Que ahora sé mensajes que íbamos dispersando.

PAISAJE


El bebé y su madre parecen una misma cosa. Nadie nota los grises, muertos ojos de ella. Los rojos, hambrientos ojos de él, succionando impasible.


PUZZLE


Ella terminaba donde yo empezaba y así si alguien hubiese querido unir nuestras piezas habría visto que encajábamos.
Pero sólo forzando los bordes hasta romper nuestros cartones.


NO PIENSA EN NADIE


Tomo sus manos que ahora al estar entre las mías parecen tan lejos de sus muñecas y cuando ella se echa para atrás acabo de ver el color grisáceo de su piel, esos ojos duros de maniquí reprobando mi deseo y la dejo sin fijarme ni siquiera en los destrozos de la vidriera, en esa turba de curiosos viendo ese desnudo pedazo de plástico incapaz de amar.

OJOS QUE VEN


-Barba Azul es un sujeto recatado -dice la mujer-. Él nunca se queda observando un escote prominente o unas piernas descubiertas groseramente.
Barba Azul asiente. Sus ojos vagan perdidos en el cuello de su interlocutora.

martes, 17 de julio de 2012

LOS NOVIOS


La muerte pasea/se instala en delicados pétalos/en los murciélagos de la noche (Ivana Szac)


La muerte pasea, se instala en delicados pétalos en los murciélagos de la noche. Se toma un respiro y exhala los nombres de los por llegar. Pasos, huellas marcadas en la piel que se vuelven elásticas en un suspiro.
Los amantes bajan la vista, el ruido de los carruajes ensordece la noche de silencio. La muerte se inclina para saludar, dejar una sonrisa entre el abismo de los que prometen eternidad.


(Ivana Szac & Alejandro Bentivoglio)

CUANDO NO ESTOY (Y NO ESTÁS)


Amenaza la violencia/los colores se deshacen/ante la tentación (Ivana Szac)


Amenaza la violencia, los colores se deshacen ante la tentación de la roca que abarca la muda tempestad de los cuerpos. Cuántas promesas ensombrecen los jardines del fuego. Soy una extraña manía de barca que se pierde a la deriva.
Y vuelvo como los pétalos de la flor más sanguínea, de sábanas como desiertos, de fantasmas de corazones fragmentados.
Amenaza la violencia en la noche que extiende su curvatura y un millón de estrellas apenas caben en los ojos de un forastero del tiempo.

  
(Ivana Szac & Alejandro Bentivoglio)

ZONA CERO


Latidos virtuales / se encienden en la piel/ y las imágenes rompen como olas/ en el fondo de las habitaciones  (Ivana Szac)


Latidos virtuales se encienden en la piel y las imágenes rompen como olas en el fondo de las habitaciones. Ella es animal en celo, ni víctima ni presa. No hay guías ni cazadores.
El corazón sabe de las operaciones de lo que se oculta, el aura agradece la brisa cuando el día asfixia.
Pulsar las horas que bajan hasta encontrar el mercurio que disuelve la ansiedad de las esperas: su piel y el océano. El amor es todo lo que encontramos y nos libra.


(Ivana Szac & Alejandro Bentivoglio)