martes, 13 de marzo de 2012

Y SE VAN

Cuando la lluvia cae, cae sobre mí, pero no cae sobre vos. Te veo desde la lluvia, y te veo seco, no mojado. Te veo, pero no te oigo, no te palpo ni te siento. Mis manos se estiran, forman la forma y escuchan con cada dedo, tiemblan con cada ráfaga.
Cuando la lluvia cae, me inunda con la certeza de la duda, con la sorpresa de encontrarme tan viva. Y te busco, pero mis manos tallan vacíos que solo te nombran. Y te veo, pero no puedo tocarte. No puedo escuchar ninguna despedida, no puedo percibir esos pasos que se alejan.
Como huellas digitales de alguien que nunca estuvo, que nunca dijo mi nombre.

(Anush Maldonado & Alejandro Bentivoglio)

CASA ABANDONADA

Supe caerte de mi alma, supe sustentarte con vacío, supe cantarle al silencio inaudito de tu alma, supe morirte en cada instante, supe respirarte con respirador artificial, pero no supe soñarte, no supe olerte ni supe fantasearte. No supe tantas cosas, no supe estar de pie acá ni en ninguna parte, mientras mi ropa se encogía, mientras mi cuerpo quedaba oculto tras una ventana, tras unas cortinas que gente desconocida iba corriendo.
Supe decirte nada, mientras estábamos quietos, olvidando cada fragancia de la noche. Supe hacerlo y deshacerme, pero no supe ver lo que roto permanece, lo que vuelve a armarse, solo para cerrarse. No supe guardarme una llave, ahora que también bajaron las persianas, que me pidieron que me vaya, que me dijeron que esta casa donde una vez fui chica, ya no es mi casa ni la de nadie más.


(Anush Maldonado & Alejandro Bentivoglio)

SISTER ASFIXIA

Camino cuidadosamente, midiendo mis pasos y allá a lo lejos veo una luz brillante que me llama. Me acerco y termino inmersa en ella, me miro y no me veo. Intento con toda fuerza ir hacia abajo y veo colores. Colores nuevos de algodón de azúcar rosado. Colores que empalagan la vista, que me hacen seguir bajando, que me mantienen atrapada, atada, esperando en el sueño. Que estrangulan las lágrimas de mis huesos. Que luego se distraen y ahí, ahí nomás está el blanco y yo, metida en el cuerpo, respirando, envasada, amortajada de esta vida que se escapa y me encuentra, como ajena, como derramándome.


(Anush Maldonado & Alejandro Bentivoglio)

LLUEVE SOBRE MÍ

La gente pasa por mi costado, por mi frente, por mi espalda. Camina sobre mí, me pellizca, me pide perdón. Lo vuelve a hacer, abre mi cuerpo, saca algo y lo cierra. Alguien lleva mi vestido puesto, alguien que corre. Alguien que viene y mastica con voracidad. Mujeres que tiran de mi pelo, que me quitan los zapatos, gente que me devuelve todas mis cosas sucias.
Y yo que solo murmuro que estoy exhausta, que voy a dejarme caer, que pueden ya llevarse mis manos, que pueden llevarse mis gargantas y mis desdentados gritos, mi última voz, mis ojos que cierro como un beso de despedida.


(Anush Maldonado & Alejandro Bentivoglio)

IF

Si pudiera dejar el agua a un lado y mojarme completamente. Mojarme con tus lágrimas y con las mías. Mojar las angustias traducidas a un papel, mojar cada instante y hacer de él un espejo que supiese reflejarme. Si pudiese detener el silencio y su piel que se estira sobre mí, si pudiese traspasar la inexistencia de no estar nunca acá, crearlo todo de nuevo. Pasar al otro lado, quedarme allá, volvernos, desvolvernos, desenvolvernos. Si pudiese romper el aire, entrar a mi cuerpo, manchar el alma con la explosión de mi tu alma. Si esa sangre no llevase por siempre mi nombre.

(Anush Maldonado & Alejandro Bentivoglio)

viernes, 9 de marzo de 2012

LOS TIEMPOS CAMBIAN

En este mundo sin sabores el cigarrillo me sabe a vacío. Y el vino ya no juega con mi lengua, mi garganta, mis sinapsis de placer. La embriaguez perdió sentido y mi vida también. El gris colma las calles. La música, un edén perdido. Todo aquí es un recuerdo que no recuerda. Las formas no son formas y los momentos son apenas lagunas efimeras que se agotan en el suspiro de un cuerpo que intento aferrar. Uno propio o uno ajeno. En el encuentro me desencuentro. Y el amor es entonces la pérdida, que ya no duele porque aquí no puede sentirse.
Solo puedo pensar que no soy, que he sido, como mucho. Pero tampoco, porque ¿cómo encontrarme cuando la memoria me es extraña?
Incluso estos zapatos que intento atar, en un fútil intento, ya no son los varoniles mocasines de esta mañana (imperturbablemente distante), sino unos imposibles tacos aguja de mujer, rojos, furiosamente rojos.


(Esteban Moscarda & Alejandro Bentivoglio)

STEPHEN KING

El hombre está sentado en el sofá. Parece amable, incluso alegre. Da la sensación de que lleva un largo tiempo esperándonos. Conoce nuestros nombres. Cuando nos ve entrar no hace nada. Afuera comienza a llover. El cielo se oscurece rápidamente. Nos sentimos intranquilos. Nos miramos entre nosotros sin atrevernos a hablar. Un terror indescriptible crece allí, justo en medio de todo, se expande hasta alcanzar lo inalcanzable. Y comenzamos a correr, corremos y gritamos sin atender a nada más.
Es cuando el hombre del sofá se mueve.

LO QUE ME PASA

Adentro de mí vive un tipo muy educado. Nunca deja las cosas desparramadas y me saluda con corrección. A la noche suele leer hasta tarde, salvo que sepa que la luz me está molestando. Aunque no me ha dicho su nombre (yo no tuve valor para preguntárselo) nos siento cercanos.
Sé que si un día volviera a casa y abriera mi camisa y él no estuviese ahí, pasándole un plumero a mis costillas, me sentiría solo, extrañamente abandonado.

THE ANATOMY OF PAIN

Minúsculo en apariencia, puede crecer hasta abarcar una habitación de considerables proporciones. De vez en cuando duerme, pero por lo general despierta de un humor fatal. No responde al nombre cuando lo llaman, pero siempre reconoce a su dueño. Tiene una gran capacidad para reproducirse y su promedio de vida varía desde unos pocos minutos hasta para siempre.

ONE LAST RIDE

Era difícil agarrar la sortija. La calesita estaba llena y, aunque iba increíblemente lenta, Lugones se sentía demasiado cansado como para esforzarse. Miró a su alrededor, hacía rato que se había dejado de preocupar de lo que otros pensaran de él, un señor de cincuenta y cuatro años, bigotes, colgado de un gigantesco avioncito. En la última vuelta creyó que la iba alcanzar, pero fracasó rotundamente. Sabía que con las horas se sentiría demasiado mareado como para bajarse y todos a su alrededor no parecerían más que sombras.
Pero todavía no, todavía podía hacer los ruiditos de la turbina con la boca.

MEMENTO MORI

Guarda todos los recuerdos en el cajón de la mesa de luz. Cuando se va al trabajo lo cierra con llave porque teme que su madre se lo revise. Algunos días los saca y los mira con nostalgia. Con los años ha descubierto que pasa más tiempo pensando y reviviendo esos recuerdos que haciendo nuevos. El presente ya no existe más que en el tenue movimiento de su respiración.
No le crece el pelo ni las uñas.

PRIMERA VEZ

-Así que estamos solos -dijo el hombre, viendo a la mujercita.
Ella asintió, sonriendo con ingenuidad. Luego él se quitó la ropa y ella se acostó en la cama. Cerró los ojos.
-Voy a ser cuidadoso -dijo él, con cierta arrogancia de cazador.
Ella mantuvo sus ojos cerrados. No quería que él descubriera todos esos viejos amantes que se le agolpaban en sus ya nada virginales pupilas.