viernes, 9 de marzo de 2012

ONE LAST RIDE

Era difícil agarrar la sortija. La calesita estaba llena y, aunque iba increíblemente lenta, Lugones se sentía demasiado cansado como para esforzarse. Miró a su alrededor, hacía rato que se había dejado de preocupar de lo que otros pensaran de él, un señor de cincuenta y cuatro años, bigotes, colgado de un gigantesco avioncito. En la última vuelta creyó que la iba alcanzar, pero fracasó rotundamente. Sabía que con las horas se sentiría demasiado mareado como para bajarse y todos a su alrededor no parecerían más que sombras.
Pero todavía no, todavía podía hacer los ruiditos de la turbina con la boca.

2 comentarios:

Juanito dijo...

Genial, quién no quisiera volver a ser niño otra vez y afanarle la sortija al maldito calesitero :).
Saludos, muy bueno.

alejandro bentivoglio dijo...

lo curioso es que yo no tengo recuerdos de haberme subido a una calesita. aunque supongo que me habrán subido.