martes, 12 de junio de 2012

NO SER NOSOTROS

Estaba por servirse el postre cuando la mujer lo tomó por el brazo. Él la observó, incapaz de reprocharle nada. -¿No es suficiente? -dijo ella. -No lo sé -dijo él, casi al borde del llanto-. Todavía tengo hambre. Ella lo soltó y él dejó el plato sobre la mesa. La cabeza de María Antonieta cayó sin hacer el menor ruido, sobre la canasta acolchada del verdugo.

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