miércoles, 8 de agosto de 2012

LA QUE ME MIRA


 La muñeca de mi hija no me despegaba la vista. He pensado muchas veces en juguetes que cobran vida de pronto y hacen daño a sus dueños. De inmediato, me río, qué tontos pueden ser los pensamientos de un hombre imaginativo. Aunque, es curioso meditar en ello, es la primera vez que me quedo a solas con la pepona en casa, Tita está jugando en la casa de su mejor amiga. ¿Qué me ves, lindura? ¿Quieres un beso? Me acerco y acaricio su rostro de plástico. No pasa nada. Con lentitud me aproximo un poco más y le doy un beso. Es estúpido. Lo sé. No va a pasar nada. La dejo en el suelo. Me causa gracia mi imaginación.
 Pero al darme vuelta, la sonrisa se me congela. Mi muñeca inflable, Lucette, la que guardo debajo de mi cama, me mira desde la puerta del cuarto.
 Lo ha visto todo y sus labios redondos fuerzan una O de enojo y celos.


Carlos Enrique Saldivar & Alejandro Bentivoglio