domingo, 7 de octubre de 2012

HEMBRA



 La casa estaba impregnada del aroma de aquella mujer excitada, siempre a punto de ceder a sus impulsos animales. A mí me parecía que eso iba en contra de las normas y aguardaba con temor que le sucediera algo grave, como entrar en combustión espontánea o descomponerse como un trozo de carne expuesta al sol. Pero no. Ella seguía conectándose con todos esos tipos, ignorando que yo la espiaba.
La veía con la cámara secreta que había instalado para preservarnos a todos sus vecinos. Día tras día, enchufándose cables en el cuerpo, uniendo otros cuerpos en red, haciendo llegar unas cuentas de luz que ni lo puedo contar. Llegando incluso a colgarse de la instalación de la cuadra de al lado en una vorágine de plugins infames.
Dejándome a mí, electricista voyeur, el constante trabajo de revisar los tapones, evitando una pornográfica explosión de sexo y voltios.

(Sergio Gaut vel Hartman & Alejandro Bentivoglio)

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