domingo, 7 de octubre de 2012

JODIE FOSTER Y LOS ENANOS



 —¿Me estás hablando a mí? ¿Me estás hablando a mí? —dijo el taxista, mirando al espejo.
 —Sí, a vos te hablo —dijo el espejo—. ¿Sabes que sos el más lindo de la ciudad?
 —¿Eras maricón? —preguntó apuntándolo con el arma.
 —No, es un comentario. Pero bien que te gusta saberlo.
 El taxista loco frunció el ceño. Sí, podía ser. Nunca le habían dicho que era el más lindo. Tal vez el más loco, pero lindo no.
 —Esto no queda acá —dijo el taxista.
 —¿Qué hacemos? —dijo el espejo.
 El taxista detuvo el vehículo y se metió en el espejo. Del otro lado había un millón de reflejos enanos y una chica con aspecto de reventada. Seguro que es bióloga o astronauta, pensó.
 —¿Quién manda aquí? —exclamó el taxista.
 —Yo, papito —dijo ella, y el taxista, más que nunca, quiso parecerse a Carl Sagan, no a Robert de Niro.


(Alejandro Bentivoglio & Sergio Gaut vel Hartman)

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