jueves, 22 de noviembre de 2012

ASCENSOR



El ascensor que va al infierno es inquietantemente lento. Varias veces hemos pedido que lo reparen, pero la administración nos mira con sorna y se ríen entre ellos. Luego nos dicen que lo harán, pero no lo hacen. Algunos sospechan que esta lentitud es parte de los castigos infernales, pero es imposible saber si estamos frente a planes del inframundo o a una administración que quiere ganar dinero con nuestras expensas sin hacer nada a cambio. Por eso le sugerimos tomar las escaleras. A pesar de que por esta ruta tardará una eternidad, evitará la aborrecible musiquilla y la incomodidad de tener que observar el contador para evitar el contacto visual con otros pasajeros hasta que se detengan. Esta opción suena fatigosa, pero después de un par de siglos ya ni sentirá las piernas. Hasta puede llegar a ser una experiencia que le cambie la vida. Ya verá.

(Alejandro Bentivoglio & Alejandro Domínguez)

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