jueves, 22 de noviembre de 2012

GIROS



La velocidad de la calesita es tal que pedazos de pasto y tierra vuelan por los aires. Algunos niños se mantienen aferrados a los caballitos con toda la fuerza que pueden. Los padres gritan, pero resulta imposible detenerla o subirse al rescate. Cada tanto algún niño de brazos flojos es expulsado a causa de la violencia de las vueltas y traza una trayectoria hacia unos colchones que han puesto los bomberos.
La calesita termina separándose del suelo. Rápidamente, gana altura. Los pasajeros se arrojan en cuanto pueden y unos cuantos son atajados ilesos. Otros se estampan contra el suelo. Hay dos que aún no pueden ser reconocidos y se está averiguando si alguno no alcanzó a tirarse.
Los niños que esperaban impacientes la próxima vuelta, la despiden balanceando una mano y pucherean cuando son arrastrados por sus padres y comprenden que, al menos por hoy, ya no habrá calesita.

 (Alejandro Bentivoglio & Fernando Andrés Puga)

1 comentario:

Juanito dijo...

¡Cuánta imaginación!
Un gran microcuento, sin dudas.
Saludos...