jueves, 1 de noviembre de 2012

GLAMOUR



El edificio se derrumbó en un abismo de polvo. Todos lo miramos como si agazapado en las sombras hubiese algo más que ese desplomarse en medio de la ciudad. Pero no pasó nada y el tráfico siguió igual y la policía no nos pidió que nos fuéramos porque ya nos habíamos ido diciéndonos que no había sido tan espectacular, tan inolvidable.
No falto mucho para que piso a piso, el edificio volviera a recomponerse, frustrado y de una pieza. Rojo ladrillo de vergüenza.

2 comentarios:

Pedro Sánchez Negreira dijo...

Me gusta el sabor a crítica social que -gracias a una elisión muy bien manejada- nos queda como retrogusto de este micro, Alejandro.

Un saludo.

alejandro bentivoglio dijo...

gracias por el comentario. está bueno que se lea más allá de la historia simple, digo, que hayas profundizado el significado del texto. saludos!