lunes, 31 de diciembre de 2012

ALGUNAS COSAS


A veces me siento extraño en sueños. Pero pienso que no es nada del otro mundo que cuando despierte aún floten cosas en el cuarto, alguna pierna suelta, una cabeza desconocida, un pie, un recuerdo que busca la ventana abierta.

AMADEUS


Lo había escuchado todo, las melodías más complejas, los sonidos más perfectos y los más aberrantes. Había cargado con todos ellos y ahora, sentado frente al piano, pensando en sí mismo, lo único que podía tocar era ese maldito réquiem, esa absurda marcha fúnebre que todo lo anunciaba.

MATARSE LENTAMENTE


Despierta desmelenada, cobijada en el suelo de la habitación. La miro perderse en el despertar, buscándome sin saber quién soy yo. Me sonríe. Ni siquiera sé su nombre, pienso. Ella se levanta y encendiendo un cigarrillo ya comienza a desvolverse de mí. Sigo su silueta hasta el baño, la puerta cerrándose. Ella es la mujer más hermosa que jamás he visto.
Amar es este momento cuando me visto y me marcho sin saber donde estuve.

ANTES DE LLEGAR A LA CALLE


Como si algo pudiese cambiar realmente, me levanto de la cama y en el living ya hay otros mejores que yo que lo intentaron pero que no pasaron del sofá y uno de ellos me saluda y me ofrece una cerveza y me siento y alguien pone una vieja canción en la radio y otro recuerda con nostalgia una novia que alguna vez tuvo fuera de este departamento ya cubierto de humo de cigarrillos.

domingo, 16 de diciembre de 2012

EL COBARDE



El agua de la pileta era muy azul. Unas nenas jugaban con unas muñecas al costado. Bruno se quitó la remera y se acercó hasta el borde. Ahora me tiro, se dijo. Pero no lo hizo. El asado ya estaba listo y algunos se sentaron a comer. Después llegó la tarde y la noche y las nenas se metieron en la casa.
Ahora me tiro, se dijo Bruno, en el borde de la pileta, sin remera, temblando de frío.

PARODIA



Tal vez cumplía años ese día y su padre había contratado un par de payasos, pero ahora sólo uno de ellos, el alto y delgado estaba en el jardín con los otros niños, pero Lorenzo, que era él, no estaba viéndolo porque quería saber adónde estaba el otro, el torpe y maloliente. El que tenía una lágrima azul pintada en su cara blanca.
Lorenzo entró a la casa y en la cocina vio que el payaso gordo hacía el amor con su madre. La madre de Lorenzo tenía unos cuarenta años bien llevados. Él pensaba que era hermosa, pero también que había algo de grotesco en la forma en la que sus pechos regordetes se balanceaban mientras el payaso jadeaba.
No supo qué decirles y se fue. Su padre nunca entendió por qué él odiaba tanto a los payasos.

PROFESIONAL



Recortó cuidadosamente a Carla y la clavó a la pared con unos alfileres. Ella se quejó en un principio, pero luego se sintió más cómoda y él se alejó unos metros para contemplarla.
En las tardes, quitaba la suciedad de las extremidades. Si cualquier visita llegaba, él hubiese odiado que dijeran que era un mal decorador de interiores.

DESPUES DEL DILUVIO UNIVERSAL



Antes, le dijo, los días eran más largos. Y había tiempo para perder. Realmente lo había. Uno podía ver gente perdiendo el tiempo por todas partes, en las calles y en sus casas. Por una ventana abierta, por callejones en sombra. Llovía tiempo y todos hablábamos de lo que era bueno y lo que era malo y de lo que era importante y de lo ridículo. Pero ahora, somos otros.
Ya nadie se animaría a dejar caer arena al suelo.