lunes, 31 de diciembre de 2012

MATARSE LENTAMENTE


Despierta desmelenada, cobijada en el suelo de la habitación. La miro perderse en el despertar, buscándome sin saber quién soy yo. Me sonríe. Ni siquiera sé su nombre, pienso. Ella se levanta y encendiendo un cigarrillo ya comienza a desvolverse de mí. Sigo su silueta hasta el baño, la puerta cerrándose. Ella es la mujer más hermosa que jamás he visto.
Amar es este momento cuando me visto y me marcho sin saber donde estuve.

3 comentarios:

Raúl Omar García dijo...

El anonimato en este tipo de situaciones tiene su encanto, pero uno siempre termina añorando algo.

alejandro bentivoglio dijo...

el anonimato en general tiene algo de encanto, al menos por un tiempo.

Juanito dijo...

Escelente...