domingo, 16 de diciembre de 2012

PARODIA



Tal vez cumplía años ese día y su padre había contratado un par de payasos, pero ahora sólo uno de ellos, el alto y delgado estaba en el jardín con los otros niños, pero Lorenzo, que era él, no estaba viéndolo porque quería saber adónde estaba el otro, el torpe y maloliente. El que tenía una lágrima azul pintada en su cara blanca.
Lorenzo entró a la casa y en la cocina vio que el payaso gordo hacía el amor con su madre. La madre de Lorenzo tenía unos cuarenta años bien llevados. Él pensaba que era hermosa, pero también que había algo de grotesco en la forma en la que sus pechos regordetes se balanceaban mientras el payaso jadeaba.
No supo qué decirles y se fue. Su padre nunca entendió por qué él odiaba tanto a los payasos.

5 comentarios:

Raúl O. García. dijo...

Perturbador al mango. La imagen de esos pechos me quedó grabada en la retina.
Muy bueno.
Saludos.

Juanito dijo...

¡Excelente! La frase final da un cierre genial.
Saludos...

La Buhardilla de Papel dijo...

Muy buen cuento!

La Buhardilla de Papel dijo...

Muy buen cuento!

alejandro bentivoglio dijo...

gracias por los comentarios. bueno, a mi se me ocurrió justamente la imagen final y fui para atrás para armarlo un poco.