lunes, 7 de enero de 2013

FAMILIA UNIDA


Ellos no saben de mí, yo no sé de ellos. Pretendo conocer sus nombres, para que no sospechen nada. Son extraños que se dibujan en mi pared cuando duermo, cuando estoy despierto. En la comida llegan y me anuncian lo improbable. Mi mujer también los ignora. Yo dudo de estar casado con ella. En ocasiones mi hijo me recuerda mi inexistencia. Para el final del día, el abuelo que nunca estuvo dice que mañana no estará aquí. Lo miramos sorprendidos, pero nadie se anima a decirle que no nos importa lo que haga.
De hecho, pocos de nosotros sabemos quiénes somos y de un momento a otro, la casa se caerá aplastando la mayor parte de lo que puede o no que esté adentro.

EL OCASO


Cabe la posibilidad, sí, de que eventualmente la Fortuna revise concienzudamente sus cuentas y comprenda que realmente no merezco la vida que llevo y que enternecida por los malos ratos que me ha hecho pasar, decida aparecer ante mi puerta, pedirme disculpas, otorgarme la oportunidad he esperado desde siempre, esa que sólo aparece una vez.
Pero si cabe esa posibilidad, también es cierto que cuando la Fortuna golpee a mi puerta, yo ya habré salido y estaré muy lejos, bebiendo los placeres de mi voraz amante: la Estupidez.

LA INSOPORTABLE QUIETUD


Cuando espero todo queda detenido. Los paisajes cobran una inmovilidad que provoca que muchos se asusten, que me digan cosas desagradables, que amenacen con llamar a la policía si no ceso en mi actitud.
Yo me encojo de hombros. Qué otra cosa puedo hacer, les digo. Pero ellos no quieren entrar en razón y me mienten, me dicen que todo llegó, que no debo esperar más. Que todo ya está aquí.
Es cuando me dejo caer y para siempre arrastro el mundo conmigo.

LÍNEA


Aun recuerdo el perturbador sonido del teléfono, su desmesurada estridencia. Fueron muchos los que me sugirieron arrancar la línea y, aunque lo había tomado en cuenta, me parecía imposible acercarme a ese largo cable que como una cola coronaba al ruidoso animal y que, cuando yo iba y atendía, se movía de un lado al otro, feliz por mis tiernas caricias y por la atención que podía brindarle.
No, yo no hubiese sido capaz.

LOS RESTOS DEL DÍA


Las sirenas dejan de cantar. Aún así seguimos rumbo hacia ellas. Son hermosas. Anclamos los barcos y las besamos.
Hay breves romances y discusiones sobre aletas Con el tiempo ya nadie las soporta. La pasión se hunde junto con el mar. Alguien prende fuego a los barcos.
Sin saber por qué, comenzamos a cantar.

EL MITO


Es imposible pensar en todo. Es imposible calcular todas las cosas, aún teniendo planos, explicaciones, indicaciones. Es imposible salir de este laberinto y, aunque construya las alas, y esté nublado, nunca faltará un mal viento, algo inesperado que se eleve de la nada, un sometimiento de los dioses, una vuelta de tuerca que los trovadores, o los bardos o quien sea que narre nuestra historia quiera agregar y entonces, mi querido hijo, es por eso que nos quedaremos aquí atrapados y esperaremos serenamente la muerte, que después de todo, no puede ser peor que esto.