domingo, 3 de febrero de 2013

MERETRIZ SOLUCIONA EL INCIDENTE FAUSTO


El conjuro no resultó demasiado bien y el demonio que apareció resultó ser un vecino que había pasado por ahí y vaya a saber por qué había abierto la puerta. Por supuesto que se negó a prometer riquezas y mucho menos el amor de una mujer. Apenas se dignó a sentirse ultrajado por los desmedidos pedidos de Fausto que, luego de echar a patadas a su malogrado invitado, tomó el teléfono para comprar por unas horas lo que se le negaba a perpetuidad.

1 comentario:

Raúl Omar García dijo...

Ja, ja , ja. Por suerte tenía teléfono.