viernes, 1 de marzo de 2013

MEJOR QUE ARDER

Se suben y se bajan escaleras. Se escuchan los pasos, pero es difícil determinar si se está llegando a alguna parte. De vez en cuando se encuentra a gente llorando en los rincones, gente perdida que nos preguntan adónde vamos, quién va, quién viene. Se les notan los ojos idos, un grito a medio sonorizar. Salir del departamento es todo un asunto, porque hay que trabar muy bien la puerta, no nos gustaría encontrar desconocidos despedazando nuestras cortinas. Escribiendo mensajes incomprensibles en los muebles con la sola ayuda de sus uñas.
Luego tomarse el ascensor y seguir con nuestra normalidad. Ver que ninguno de los botones tiene número y apretar el primero que se nos ocurre, cediendo al azar.

1 comentario:

Raúl Omar García dijo...

En circunstancias así, sí que es mejor ceder al azar.