viernes, 26 de abril de 2013

SALVATION


No creas en espejos, azulejos y visiones. Húndete en la magia evaporada de los mares, es la única salvación a tu integridad. No esperes las palabras o el sonido, no te quedés de pie mirándome sin saber que estamos existiendo mientras cada respiración pulsa el corazón. Húndete en el camino que no estabas esperando, es la única salvación para moverse rápido cuando todo parece ir tan lento.
Y probarnos de una vez que la distancia no es un error irreversible.


(Analía Maldonado & Alejandro Bentivoglio)

LA MANADA


Somos una enorme y animada manada, aunque todos estamos condenados a desaparecer. Varios se perderán en el bosque. Otros se quedarán atrapados entre piedras. Algunos huirán. Unos pocos acabarán sus días ahogados en el río o devorados por animales más feroces. ¿Cómo saber todo lo que nos puede esperar en el porvenir?
Algunos aún no se acostumbran y gritan por las noches, temen al fuego y a todo lo que se mueve en la oscuridad también. Repiten que nunca tendríamos que haber salido de la oficina.
Que esto de acampar fue una mala idea, que todo terminará mal, que ya no tienen corbatas que combinen con lo salvaje.

(Minerva Rodriguez & Alejandro Bentivoglio)


LA EXPEDICIÓN


Apenas estábamos en el comienzo de la exploración y ya nos sentíamos ampliamente decepcionados. La atmósfera generada por el profesor Crafwerk era densa e insostenible y sus investigaciones habían resultado fraudulentas y degenerativas.  El resto no fue mejor y los días se transformaron en semanas, las semanas en meses que condujeron a años de penosos tormento.
Finalmente terminamos de dar la vuelta a la manzana y el mapa que la Universidad nos había encargado fue terminado. Las cuatro cuadras por las que habíamos sufrido indescriptiblemente ahora permanecían catalogadas sobre el escritorio del profesor Crafwerk. Quien con gesto arrogante se jactaba de que en aquellos viajes de conocimiento solo habían muerto quince de sus estudiantes.


(Daniel Juárez Dion & Alejandro Bentivoglio)

BALOTAJE (THE REVOLUTION MIX)


Fracasó en cada contienda electoral en la que fue candidato. Cansado, hizo un curso de modelismo y construyó una ciudad en miniatura. Por fin, cuando la obra estuvo terminada, se autoproclamó intendente y fue feliz, al menos por un tiempo.
Había olvidado los soldaditos de plomo de la infancia que guardaba en el baúl y que pronto hicieron una revolución para derrocarlo y decretar que de ahora en más, el Sr. Patata sería el dictador absoluto de la ciudad.



(texto original: Martín Gardella. Reversión: Alejandro Bentivoglio).

SERIAL KILLER


El loco de la puñalada fue conocido por sus crímenes exagerados. Según los registros policiales, nunca daba menos de ciento cincuenta golpes de cuchillo. La víctima quedaba como un muñeco de trapo, rota por donde se la quisiera ver. Algunos creían ver una patología extrema, alguna enfermedad psiquiátrica que podría ser tratada con las drogas adecuadas. Otros pensaban que solo se trataba de un exhibicionista. Yo, en cambio, que conozco la verdad, puedo asegurarles que no era ni lo uno ni lo otro. El loco de la puñalada era un tipo inseguro, un maníaco que desconfiaba de todos y de todo. Ninguno de sus asesinados recibía menos de ciento cincuenta puñaladas porque él no creía que los cuchillos que usaba estuvieran adecuadamente afilados.


(Alejandro Bentivoglio & Sergio Gaut vel Hartman)

PIEL DE AZUFRE


El violín era el demonio. Y le gustaba que lo tocaran. No importaba quién. No tenía preferencias. Le gustaba que lo rascaran con el arco y respondía con una música que blasfemamente llamaba celestial. El músico que lo había encontrado sabía que cada noche guardaba al diablo en su funda y que cada mañana lo sacaba para pasearse por calles y bares tocando por monedas de oro.
Pero no tenían un pacto entre ellos, o por lo menos no estaba escrito. Y él siguió tocando y pronto el mundo estuvo a sus pies, embelesados los oídos, mudas las guitarras eléctricas. Y entonces el diablo reclamó sus monedas de oro, sus monedas de carne. Primero, el violín desafinó; luego, sus melodías se tornaron irritantes. Y fue en una esquina de Buenos Aires que oyentes iracundos lo despellejaron. Orfeo de azufre, su piel se desparramó en el viento.

(Alejandro Bentivoglio & Esteban Moscarda)

LA ÚLTIMA JUGADA


El rey estaba sitiado, el jaque mate era inminente. Así que Arnoldo sacó el revólver y se dispuso a defender su posición hasta las últimas consecuencias. Alfredo, por su parte, no se quedó atrás y empuño su pistola con firmeza. Estaba decidido a tomar la plaza enemiga aunque corriera sangre. El público se mantenía expectante mientras los dos hombres se apuntaban por encima del tablero. No había temblor en las manos ni pestañeo leve que hiciera dudar. El antagonismo entre ambos venía desde hacía mucho y ninguno iba a ceder terreno. Súbitamente, el cielo se volvió negro y un consumado temporal se desplomó sobre el juego. Las piezas del ajedrez corrieron buscando refugio al granizo que los golpeaba como las balas de un revólver. “Menos mal, pensó el árbitro. Esto del ajedrez humano se está poniendo peligroso. Vamos a tener que buscar otro juego para entretenernos”.

(Alejandro Bentivoglio y Maru Alzugaray)

EL BREBAJE PARA TODOS LOS MALES


El brebaje para todos los males se vende bien. No cura nada y de hecho enferma a quien no esté enfermo. Por eso el doctor Bruselas, creador del brebaje para todos los males ha pasado largas noches creando el antídoto para el brebaje para todos los males, que se vende aún mejor que el brebaje para todos los males que va matando a quien no tiene el antídoto. Aunque el antídoto para el brebaje para todos los males tiene sus efectos secundarios. Por ejemplo, impide discernir el sueño de la vigilia; además, exacerba los sentidos a tal punto que se producen sinestesias perturbadoras (se ven los ruidos, se escuchan los colores, se tocan los sabores...) y dicen que, quien lo bebe, no puede evitar decir siempre la verdad y, aceptar como tal todo lo que le dicen. ¡Todo un problema andar por la vida con alma de niño!

(Alejandro Bentivoglio & Carmen Belzún)

ENTRAMADO


El laberinto se va modificando a cada paso. De hecho, se podría decir que se va construyendo a medida que no avanza. Es decir que los pasos hacen los corredores y cada giro es una parte más del entramado que nos atrapa en este constante caminar por lugares que se repiten y cielos que solo son vistos con el cansancio del que ha perdido la esperanza que la tierra pueda proveer.
El laberinto, su construcción, es nuestro constante caminar cansino, con pasos que van deconstruyendo una idea que no avanza, que se repite y una esperanza entramada entre el pasado y el porvenir. Laberinto fue el mapa de Jericó en el siglo XIV, según la Biblia, un lugar formado por calles y encrucijadas, intencionadamente complejo para confundir a quien se adentre en él, lo importante era descubrir el sentido entre el centro y la entrada, porque no tiene salida.

(Alejandro Bentivoglio & Ada Inés Lerner)

CARRERA


Jorge empezó a correr antes de que el juez diera la orden de largada. Los otros maratonistas pensaron que alguien diría algo y anularía la salida. Pero nada pasó.
—¡Hizo trampa, vamos por él! —gritó uno.
Aunque ya les había sacado una distancia importante, todos salieron tras sus pasos. La idea ya no era la meta. O, más bien, la meta era otra. Atrapar al tramposo y darle su merecido. No podían alcanzarlo, parecía una gacela, además llevaba mucha ventaja. El representante de Sudáfrica se aproximaba a él, pero el tramposo le dio un codazo en la cara y lo dejó fuera de juego. Esto irritó a los otros veintiocho competidores, quienes solo deseaban darle alcance para hacerlo trizas. Jorge estuvo al frente durante toda la ruta y llegó a la meta primero, pero, cuando vio los rostros de sus rivales, se dio cuenta de que no debía dejar de correr. No recabó el trofeo ni los cinco mil dólares del premio. Huyó por toda la ciudad, por todo el país, por todo el mundo. E iban tras él.
Aún hoy sigue corriendo, acosado por sus contendientes, los cuales intentarán destruirlo en cuanto lo atrapen. Nunca mira atrás. No come, no duerme, solo espera llegar a una meta, una que está más allá del tiempo, de la muerte, de este universo. Cabe decir que nunca conseguirá su objetivo. Ni tampoco sus perseguidores.

(Alejandro Bentivolgio & Carlos Enrique Saldivar)

PLANO ROJO


El infierno está quedando que es una maravilla. Las remodelaciones cuestan mucho, pero la mano de obra es barata. Todos los días nos entran almas nuevas y eso abarata un poco los costos. Es cierto que para hacerlos sufrir más, reventamos todas las construcciones por la noche, así a la mañana tienen que empezar de nuevo. Pero confiamos que tarde o temprano vamos a terminar con este trabajo. Ellos no tienen que creerlo, obvio, porque con esperanza no sería un infierno digno.
 La cereza del postre era que los arreglos quedaban de maravilla y entonces el jefe venía en persona a inspeccionar delante de las almas en doble fila y los diablos en las puntas. Imponente observaba la perfección y nunca, pero nunca estaba satisfecho y chasqueaba la lengua con disgusto cuanto mejor era el resultado.
 —La insatisfacción es el verdadero poder del que gobierna, empiecen todo de nuevo.


(Alejandro Bentivoglio & Guillermo Vidal)

MORFINA - EPINEFRINA


Desbordante naufragio de fauna interior. Concepto cercano a la inercia: ¿es que toda pregunta se derrumba por su propio peso? Pez dios que sonríe en mis sueños blancos (borrar la negación misma de toda conciencia) y eufórico lanzarse de olas en cierne, toda carne propia o ajena, autocanibalizarse con éxito. Sofocar lo espeso en lo suave, al tiempo que cesa lo ínfimo.
Soy una respuesta, me digo entonces, tal vez la equivocada. Pero es mejor esta sangre de palabras que la estúpida neutralidad del silencio. Otra vida que no puedo terminar de comprender, otro atasco de células mitocondriales, cerebralmente inocuas e improcesables. Conceptualmente derribo las barreras de una música que obnubila mis pupilas con su imprecisión y me dirijo hacia la puerta. Un montón de luz que me deja a oscuras y solo: -En esos instantes en que abro la nevera, observo dentro, sonrío ampliamente, me dejo tentar por la envoltura de la tableta de chocolate de la primera estantería, me encaramo a un taburete-. Aun así no logro descubrir qué pasa. Solo soy un trozo de chocolate derritiéndose, fuera de la nevera, dentro del congelador. Me sorprende la idea de una ciudad espejada, todas ventanas que me reflejan y que niegan posible interior. Edificios como torres perdiéndose en lo más azul del cielo. Cubiertos de vidrios que no translucen. La única nota humana son dos tipos que se balancean en un andamio, limpiando las ventanas. Por un momento me reconforta saber que hay algo allá arriba, algo que piensa, que se mueve por una voluntad inteligente, que puede expresar amor u odio o cualquier otra emoción.
Pero luego siento miedo. En todo el tiempo que los observé, ninguno de los dos tipos se rió de nada.
El tráfico es lento. Intento, sin éxito, encaramarme al taburete que me aleje de mis sueños infantiles en la ciudad fantasmagórica que es mi cabeza. Soy un pez-dios, lo reconozco, chutado con una buena dosis de epinefrina. Sigo buscando elefantes voladores en el cielo y nervios en las nubes y los tentáculos siniestros de un pulpo me desnudan hasta los huesos. Esta ciudad es tan extraña que los soles se turnan y no puedo dormir; los vientos se bifurcan, las ramas de los árboles, al pie de los edificios relucientes, se cierran como escobas traidoras sobre mi coche. Palpo algo en la parte de atrás del asiento. Es Bruno, con su abrigo azul y su remera. Bruno, que ha conseguido tirarse al agua en un salto al vacío.


(Original: Alejandro Bentivoglio - Reversión: Raquel Sequeiro)

PERSEO


Estaba por servirse el postre cuando la mujer lo tomó por el brazo. Él la observó incapaz de reprocharle nada.
-¿No es suficiente? -dijo ella.
-No lo sé -dijo él, casi al borde del llanto-. Todavía tengo hambre.
Ella lo soltó y él dejó el plato sobre la mesa.
La cabeza de María Antonieta cayó sin hacer el menor ruido, sobre la canasta acolchada del verdugo.
Y yo encuentro migajas de pan en el pasillo de la oficina y las voy recogiendo una por una. Ellas me conducen a una pequeña casa de chocolate junto a la gerencia donde vive una bruja de aspecto regordete y una notoria verruga en su nariz.
Me invita a pasar y veo que los gerentes, con ropas de niños, han sido colocados en bandejas de plata y que cada uno de ellos lleva una manzana en la boca. La bruja me dice que el horno está a punto. Le pregunto dónde están las servilletas. Me limpio los dedos, a punto estoy de besar la cabeza tullida.
-Querida, ¿dónde está la salsa?
Está por toda la sala, impregnado las paredes, se escurre del techo, hace leña del árbol caído. Por la comisura de mis labios chorrea una lágrima. Enarbolo la cabeza. Todos los allí presentes se ríen. No sé qué hacer, reconozco que me han cogido por sorpresa.

(original: Alejandro Bentivoglio / reversión Raquel Sequeiro).

martes, 16 de abril de 2013

RETROSPECTIVA



Cada tanto Melania me miraba desde su palidez casi inmaculada. No me pareció importante en ese momento decirle algo, cambiar algún detalle de ella. Era perfecta en su quietud. En su belleza imposible de describir.
Ahora, en retrospectiva, pienso que pude haber estado equivocado al matarla con aquel cuchillo. Tan sucio, tan poco simétrico, tan imperfecto, tan indigno de ella.

EL PROGRAMA



El cuarto era chico, quizás demasiado mientras ella se quitaba la ropa y asomaba su cuerpo hecho de extraños engranajes, piezas de relojería que se podían desensamblar en cualquier momento.  La casa toda parecía caber en un puño; ahora bastaba quitar un enchufe para que toda la maquinaria se apagara y ella quedara sobre la cama, perfectamente laxa, perfectamente inmóvil. A él le duraba la pila un poco más, lo suficiente como para sonreír enamorado.

GENTE QUE ESTA AHÍ



Sobre la escalera había un montón de piernas amontonadas. Las observé fastidiado. Qué desconsiderados eran todos, incapaces de juntar lo que extraían de los armarios, de las cómodas, de los baúles. Lo que se sacaban de encima, si es que las piernas eran de ellos mismos. Cierto es que la escalera no tenía ni principio ni fin, pero eso no justificaba el desorden, al menos desde mi punto de vista.
¿Qué clase de gente eran, esos tullidos que cantaban y bebían en los escalones de arriba? ¿Quién era en definitiva esa curiosa prostituta chillona del último escalón, que me sonreía cuando me veía pasar, cargando extremidades, saltando en mi única pierna hasta mi departamento?

MIS MÁS SUAVES PRETENSIONES



Quizás no recuerde nada más. Quizás ni lo intente. Voy a estar al pasar, como esperando la mejor de las oportunidades. Voy a dejar las puertas abiertas y todas las luces prendidas. Voy a descolgar el teléfono. Voy a escuchar mi propia voz diciéndome que todo está bien. Más que bien. Mucho más que bien.
Me voy a sacar los zapatos y me voy a recostar. Voy a dejar la cabeza acomodada en la almohada. Voy a intentarlo todo. O ya lo hice. Tampoco es necesario comprobarlo. Desde acá, empiezo estas inmejorables vacaciones de la memoria.

CUENTO DE LAS HERMANAS



-Cuando desaparecieron las dos niñas, inmediatamente pensamos en Gus. Él era un tipo raro, nadie quería dejar a los niños cerca cuando pasaba por el pueblo. Y cada vez que uno desaparecía, sabíamos que había sido Gus. Aunque nunca pudimos encontrarle nada. Era tan malvado como astuto. Así que cuando desaparecieron las dos niñas, dijimos que ya era suficiente y fuimos a buscarlo con el sheriff y otros hombres del pueblo. Eran dos hermanas. Lucy creo que tenía unos diez años e Ingrid alrededor de ocho. Pero cuando llegamos a la casa de Gus ya estaba muerto.
-¿Ellas lo mataron?
-No. Sólo fue Lucy, le cortó el cuello. Ingrid se lo comió.