lunes, 1 de abril de 2013

CUPIDO



La cabeza babea el sombrero hasta que la mano lo retira y emerge el anfiteatro del cráneo hacia la mujer que lo ve y de cuencas en franca huida, piensa el vacío existente, está lleno el mundo porque ella ya se va y él no entiende nada. Sólo quedaron esos zapatos en la lejanía y de él un rascado de cabeza incomprensible, ciego, mudo. Inolvidable cenicienta que deja un hueco en la pared deslustrada con un aluvión de repetidos suspiros y maltrecha de pies y zapatos, descalza, deja entrever una sonrisa nítida, como un claro de luna. Él la buscará insistentemente, pero ¿pueden las princesas vivir para siempre? ¿Pueden las perdices dejarse comer eternamente? Acaso la mujer le ha pensado, puede que el vecindario confabule con rumores y que las hermanastras se corten los dedos, que el príncipe escriba poesía para convencerla de que se coloque el maldito zapato en el pie, que la obligue a bailar hasta cortárselos, de rojo escarlata, y que, embriagados los relojes de la sala, las agujas se disparen y lo acribillen a balazos, e, incomprensiblemente, no salga una sola gota de sangre.

(Alejandro Bentivoglio - Raquel Sequeiro)

No hay comentarios: