martes, 16 de abril de 2013

EL PROGRAMA



El cuarto era chico, quizás demasiado mientras ella se quitaba la ropa y asomaba su cuerpo hecho de extraños engranajes, piezas de relojería que se podían desensamblar en cualquier momento.  La casa toda parecía caber en un puño; ahora bastaba quitar un enchufe para que toda la maquinaria se apagara y ella quedara sobre la cama, perfectamente laxa, perfectamente inmóvil. A él le duraba la pila un poco más, lo suficiente como para sonreír enamorado.

2 comentarios:

Juan Esteban Bassagaisteguy dijo...

Muy bueno, me gustó.

Raúl Omar García dijo...

ese final hizo que la historia fuera muy romántica a pesar de su fantasía extrema.
Muy bueno.