lunes, 1 de abril de 2013

EL SUPERCUCO



La casa empequeñece y al principio no puedo notar los cambios. Pero ya luego de un rato cómo no darse cuenta de que los cajones de los armarios tienen el tamaño de una caja de fósforos, que los fósforos ni siquiera son puntos rojos de esta constante sorpresa de la disminución.
Cómo no ver el teléfono reducido a una melodía infantil, la ropa que apenas si vestirían a un Ken a una Barbie. Cómo no descubrirnos discutiendo de filosofía a puro gagagugú.

1 comentario:

Raúl Omar García dijo...

Debe ser lo que se habrá preguntado Benjamin Button a lo largo de vida en retroceso.