viernes, 26 de abril de 2013

PIEL DE AZUFRE


El violín era el demonio. Y le gustaba que lo tocaran. No importaba quién. No tenía preferencias. Le gustaba que lo rascaran con el arco y respondía con una música que blasfemamente llamaba celestial. El músico que lo había encontrado sabía que cada noche guardaba al diablo en su funda y que cada mañana lo sacaba para pasearse por calles y bares tocando por monedas de oro.
Pero no tenían un pacto entre ellos, o por lo menos no estaba escrito. Y él siguió tocando y pronto el mundo estuvo a sus pies, embelesados los oídos, mudas las guitarras eléctricas. Y entonces el diablo reclamó sus monedas de oro, sus monedas de carne. Primero, el violín desafinó; luego, sus melodías se tornaron irritantes. Y fue en una esquina de Buenos Aires que oyentes iracundos lo despellejaron. Orfeo de azufre, su piel se desparramó en el viento.

(Alejandro Bentivoglio & Esteban Moscarda)

No hay comentarios: