sábado, 11 de mayo de 2013

EL HOMBRE QUE VIMOS


Por la tarde, un hombre de cabeza desproporcionada y ademanes torpes, entró al cuarto. Lo observamos confundidos, porque jamás lo habíamos visto con anterioridad. Intentamos hacerlo hablar, pero fue en vano. Él se limitó a sentarse en una silla y quedarse allí, sumido en profundos pensamientos. Al caer la noche, se levantó, nos observó con tristeza y se marchó de la casa, sin darnos una explicación.
Al día siguiente, vimos una foto en el diario y una nota sobre un hombre que se había suicidado. Era él, por supuesto. Jamás entendimos nada de lo sucedido, pero desde entonces no hablamos aunque nos fuercen. Vamos sin rumbo, como muñecos torpes, sentándonos de vez en cuando en cualquier silla al alcance, sumidos en nuestros propios pensamientos.
           

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