lunes, 10 de junio de 2013

AMOUR, AMOUR

La espina sabe que tiene que pagar el ridículo precio de una flor. Sobresalir para sentir alguna vez el sabor de una leve brisa de sangre en su filo. Permanecer sin importar lo que suceda, inmolarse en la belleza para capturar el verdadero tesoro de un suave dolor que llene su cuerpo. Estas heridas que no se curan, estas heridas que no quieren ser sanadas. El amor será el invierno cuando caigan los frutos; despertar con los cortes perfectamente abiertos, expectantes a los ojos que no se apartan. La espina presiente el corazón que palpita tembloroso, el beso de un animal salvaje que desgarra hasta sentir la presencia del hueso.
Y también, en su silencio hermético, de los días donde el placer sólo conoce de esta asfixia para poder respirar.

2 comentarios:

Raúl Omar García dijo...

Como esa espina se deben de sentir muchos.
Muy bueno.
Saludos.

alejandro bentivoglio dijo...

gracias, Raúl, saludos!!