miércoles, 25 de septiembre de 2013

ATRÁS EL SONIDO

Los González fueron los primeros en comprar la carreta supersónica. Lo hicieron más por ostentación que por otra cosa. El mantenimiento era atroz. Apenas se iniciaba el viaje, había que agarrar entre varios las maderas del vehículo para que entre tanto flamear no se despegaran y mataran a algún paisano desprevenido. Como un bólido cruzaba la pampa, pero frenar podía desvertebrar a más de uno. Varios canes seguidores de carros fueron internados en un siquiátrico por depresión al no poder cumplir su misión y los vacunos (las vacas en especial) sufrían stress, no daban leche y se negaban a cumplir con los toros porque les dolía la cabeza. Las gallinas que se encontraban cerca de la ruta quedaban sin plumas. La protesta de los pajarillos fue un tímido piar y nadie le prestó atención.
Ante el contento general los González compraron una carreta ecológica que cuida el ruido ambiental.

(Alejandro Bentivoglio & Ada Inés Lerner)

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