miércoles, 25 de septiembre de 2013

ESCRITURA AUTOMÁTICA

No tenía la menor idea de adónde se dirigía. Tal vez había emprendido ese camino amparado en alguna conjetura inconsciente o ansioso por salir del castillo en el que permaneciera recluido durante los últimos treinta años. De un modo u otro, no tardó en advertir que el paisaje se hacía cada vez más lúgubre y enmarañado y que la idea primitiva, manejarse a puro impulso, era un error, tal vez un error fatal. Pero allí estaba otra vez estaba K. ese maldito agrimensor que todos los días llamaba para entrar al castillo y que lo volvía loco.
Tuvo que volver, regresar al proceso de escribir su diario, sus sueños de escapar. Quizás a América donde podría unirse a una mentada compañía de teatro, reflejo del mundo, donde viviría como otro hombre, quizás agrimensor, tal vez él mismo, pero sabiéndose otro.



(Sergio Gaut vel Hartman & Alejandro Bentivoglio)

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