miércoles, 25 de septiembre de 2013

LA MALVADA VIRTUAL

Se había vuelto común la costumbre de participar del propio funeral con un doble virtual. Gershwina Holtafdts había sido rica, poderosa y odiada. No iba a perderse un segundo de disfrutar cuando se acercaban al féretro sus deudos.  
Por ley el doble podía cambiar el testamento, despedir gerentes, llevar a la ruina la empresa, hundir vidas por una sola palabra fuera de lugar, como si estuviera viva.
 -Querida, hay algo que necesito que hagas -le dijo a su nuera. La mujer la miró con cautela-. Quiero que ajustés el resorte en la espalda de mi cadáver.
-¿Qué?
-Mi cadáver no salta lo suficiente cuando fingen llorarme. Quiero que se aterroricen. Si no gritan, están todos despedidos. ¿Entendido?
-Sí, señora –dijo la nuera-. ¿Quiere que le ponga más ácido a la flor del vestido?
-Sí, sí, que salpique más –respondió la doble, midiendo unos cuchillos que preparaba para más tarde.

(Guillermo Vidal & Alejandro Bentivoglio)

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