miércoles, 25 de septiembre de 2013

MOVER EL BOTE

Estamos quietos. Nadie se mueve. Sospechamos que el piso se puede rajar de un momento a otro que y que caeremos sin remedio vaya uno a saber donde. Esta sospecha no tiene ningún fundamento, pero no por eso es menos cierta. Nos miramos entre nosotros sin que nadie parezca animarse ni siquiera a hablar. Por las caras, tememos un grito o un desmayo. Pero, nadie grita ni se desvanece. Querría que asi fuese, lo preferiría verdaderamente. Pero nada. Ni yo ni nadie lo hace. Todos intentamos asirnos a la quietud, como si la quietud fuese un hilo salvador cuando en realidad es un abismo. Tarde lo comprendimos. Así es como ahora, desde este paraje, contemplo tres cuerpos sin vida, incluido el mío, hechos de saladas aguas, arena y miedos no vencidos.

(Alejandro Bentivoglio & Ana Caliyuri)

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