miércoles, 8 de enero de 2014

EN EL CASTILLO

Entramos al castillo, y no hay nadie. Llamamos a los gritos, pero el conde Drácula no aparece. Tampoco su ejército de vampiresas a las cuales queremos someternos de inmediato. La verdad es que solo hay polvo y telas de arañas que cubren las paredes, los cuadros son tan antiguos que ya son indescifrables.
—¿Estamos en el castillo correcto? —preguntó Rhodes, que ya comenzaba a sentirse inquieto por nuestro viaje sin éxitos.
—Sí —le dije—. Quizá solo debamos esperar.
Y así lo hicimos, durante horas, días. Ningún monstruo se presentaba ante nosotros. Mi acompañante no dejaba de recriminarme, yo le suplicaba paciencia.
Finalmente Rhodes, harto de tanta tranquilidad, cogió sus trastos y se fue.
Me quedé solo en mi castillo. Me puse mi capa, besé a mis esposas y al fin pude reposar en mi ataúd.
Rhodes era periodista. Si hay algo que los vampiros odiamos es la publicidad.



(Carlos Enrique Saldivar & Alejandro Bentivoglio)

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