martes, 11 de marzo de 2014

EL HOMBRE

Desde que tengo memoria trabajo en la misma oficina. Es un lugar cómodo, aunque un poco caluroso. Hace rato que dejamos de fingir que trabajamos. Pasamos el día hablando de deportes u hojeando revistas. Los jefes jamás dicen nada y el negocio es cada vez más próspero. Suponemos que todo funciona gracias a González, el único empleado que trabaja día tras día. González es un tipo correcto y usa un bigote de lo más curioso. Está siempre llenando formularios o escribiendo a máquina.
Cuando se levanta para ir al baño o para tomar un café, tenemos la impresión de que todos los escritorios se corren un poco de su lugar. Que las luces se apagan o que incluso el techo tiembla levemente.

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