viernes, 25 de julio de 2014

EL ROMÁNTICO

Era un enamorado incapaz de concretar su amor. Lector de Goethe se sentía un romántico incurable cuya única solución era el suicidio. Sin embargo, cobarde crónico tampoco era para tanto. Es decir, ni siquiera sabía el nombre de su amada, una chica medio borracha que había conocido en un boliche y que, hasta donde sabia, incluso podía ser un travesti, que lo había rechazado. Quizás un disparo en el pie fuese suficiente. No, mejor no. Era famoso por sus saltos acrobáticos ¿Cómo la conquistaría si no podía bailar? A ver... podía probar con hacer un corte en su mano. Una fea cicatriz gritaría eternamente su amor no correspond... ¿y si se producía gangrena? Pensó bastante sin ningún resultado. Calado de amor y desesperanza, recordó que también había leído a Cervantes. Y creó a su propia Dulcinea (aunque la llamó Soledad, porque era de Barracas).

Alejandro Bentivoglio & Carmen Belzún

PASTOR DE MUNDOS

El pastor había entrenado a sus ovejas para defenderse de todo. Cataclismos, Apocalipsis, ataques de bestias feroces. Pasaba sus días vagando por los valles, sabiéndose ajeno a cualquier tipo de peligro, sabiéndose incluso protector del mundo, él y sus ovejas guardianas de todo lo conocido. Pero no contó con Apollyon, Dios de las Tinieblas, Señor de Todos los Males. Inspirado en viejas historias infantiles, creó al Feroz Lobo, quien, durante una noche, devoraría a todas las ovejas. En verdad, no le interesaba que quedaran pruebas de la existencia de este mundo. Siempre pensó que lo mejor era hacer borrón y cuenta nueva. Además, odiaba por naturaleza a los corderos.

Alejandro Bentivoglio & Carmen Belzún

ME VOY

Ella dijo adiós, pero se quedó ahí parada, en la puerta, sin irse. Sin moverse. Dijo que no había nada más que agregar, que todo había terminado, que la relación no podría continuar de ninguna manera, que lo nuestro era historia antigua. Pero permaneció allí, sin abrir la puerta, sin darse vuelta para alejarse. Miré la hora, empezaba a hacerse tarde para la visita al lupanar, sin embargo, ella no se iba, no concluía ese rompimiento que ya llevaba por lo menos cinco horas. Yo pensaba en otras mujeres con curvas peligrosas, excitantes; no con esas cositas insignificantes que tenía ella... ella que seguía petrificada en la puerta, esperando quién sabe qué, ¡tal vez algún milagro! Tal vez ella esperaba algo tan mágico como lo que mis ojos y mi alma se negaban a aceptar. Ella que no terminaría nunca de decir “Me voy...”

Alejandro Bentivoglio & Carmen Belzún

EL BREBAJE PARA TODOS LOS MALES

El brebaje para todos los males se vende bien. No cura nada y de hecho enferma a quien no esté enfermo. Por eso el doctor Bruselas, creador del brebaje para todos los males ha pasado largas noches creando el antídoto para el brebaje para todos los males, que se vende aún mejor que el brebaje para todos los males que va matando a quien no tiene el antídoto. Aunque el antídoto para el brebaje para todos los males tiene sus efectos secundarios. Por ejemplo, impide discernir el sueño de la vigilia; además, exacerba los sentidos a tal punto que se producen sinestesias perturbadoras (se ven los ruidos, se escuchan los colores, se tocan los sabores...) y dicen que, quien lo bebe, no puede evitar decir siempre la verdad y, aceptar como tal todo lo que le dicen. ¡Todo un problema andar por la vida con alma de niño!

Alejandro Bentivoglio & Carmen Belzún

martes, 22 de julio de 2014

RETRATO

En el medio del desierto hay una casa, una casa que siempre ha estado ahí. Una casa que nadie ha visitado nunca. En ella vive un hombre que espera. Es difícil saber lo que espera, porque jamás se lo ha dicho a nadie. Pero es fácil intuir que lo que espera ya está ahí, justo en la casa. La casa en el medio del desierto.
Y solo por eso, es que decide seguir esperando, seguir esperando, seguir esperando.

ROJAS

Melania habla y yo sigo el movimiento de sus manos que parecen crecer a medida que desplazan el aire y enfatizan algunas palabras, para luego disminuir cuando desmerece otras. Palabras más frívolas, tal vez. Palabras que Melania consiente en pronunciar a duras penas, palabras de las que ya se arrepiente aún antes de haber pensando en ellas. Luego se calla y mira pensativamente el suelo. Parece preguntarse quién va a barrer todos esos adjetivos espantosos. Qué dirían los vecinos si vieran esas letras indescriptibles que por descuido dejamos por la alfombra, esas letras que ningún abecedario decente aceptaría tener entre sus filas.

MÁS ALLÁ

Después que se cierra la puerta, Alicia me dice que ya no podremos salir nunca. Que todo desapareció. Absolutamente todo.
-Pero, eso no es cierto -le digo.
Ella se ríe. Qué tonto soy en sus manos, pienso.
-Podés comprobarlo -me dice.

Cuando abro la puerta veo un punto blanco frente a mí. Y nada, pero nada más.