viernes, 25 de julio de 2014

EL ROMÁNTICO

Era un enamorado incapaz de concretar su amor. Lector de Goethe se sentía un romántico incurable cuya única solución era el suicidio. Sin embargo, cobarde crónico tampoco era para tanto. Es decir, ni siquiera sabía el nombre de su amada, una chica medio borracha que había conocido en un boliche y que, hasta donde sabia, incluso podía ser un travesti, que lo había rechazado. Quizás un disparo en el pie fuese suficiente. No, mejor no. Era famoso por sus saltos acrobáticos ¿Cómo la conquistaría si no podía bailar? A ver... podía probar con hacer un corte en su mano. Una fea cicatriz gritaría eternamente su amor no correspond... ¿y si se producía gangrena? Pensó bastante sin ningún resultado. Calado de amor y desesperanza, recordó que también había leído a Cervantes. Y creó a su propia Dulcinea (aunque la llamó Soledad, porque era de Barracas).

Alejandro Bentivoglio & Carmen Belzún