martes, 22 de julio de 2014

ROJAS

Melania habla y yo sigo el movimiento de sus manos que parecen crecer a medida que desplazan el aire y enfatizan algunas palabras, para luego disminuir cuando desmerece otras. Palabras más frívolas, tal vez. Palabras que Melania consiente en pronunciar a duras penas, palabras de las que ya se arrepiente aún antes de haber pensando en ellas. Luego se calla y mira pensativamente el suelo. Parece preguntarse quién va a barrer todos esos adjetivos espantosos. Qué dirían los vecinos si vieran esas letras indescriptibles que por descuido dejamos por la alfombra, esas letras que ningún abecedario decente aceptaría tener entre sus filas.

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